sábado, 28 de febrero de 2009

CARMEN DEL CARMEN EN CHAMPOTÓN



A MANERA DE JUSTIFICACIÓN DE LA TIRADA:
O, ¿POR QUÉ DESTELLARÁ
EN EL HORIZONTE EDITORIAL
IRIS DE LOS IRIDISCENTES OJOS VERDES DE LA NIÑA DE LA ISLA DEL CARMEN?


Julia María del Carmen se llamó mi madre.. Más que apropiado nombre si tomamos en cuenta que Julio es el mes sagrado para los carmelitas, pues el día 16 se celebra la liberación de la isla de los piratas, precisamente en el día de su patrona: la Virgen del Carmen. Además, el pueblo es tan devoto de la sagrada imagen que mi padre reconoce que su mayor error de juventud fue el haber escrito que habría progreso en ese desgraciado pueblo hasta el día "en que cayera la última piedra, del último campanario, de la última torre de la última iglesia". El templo de la Virgen del Carmen era el primero y primero moriría todo el pueblo que se cayera la más ínfima de sus hermosas tejas francesas. Así es que todo el mundo le negó al sacrílego hereje su acostumbrado patrocinio para el siguiente número del periódico que dirigía y que se llamaba Iris en honor de la isla del Tris. ¡Acabada la publicidad se acabó la rabia atea, la mordacidad anticristera y la sátira de la crítica marxista! Nacido yo, días después de aquellos aciagos hechos, el presbítero se negó a bautizarme. No fue sino hasta que mi santa madre le llevó a la virgen su hermoso manto bordado con preciosas joyas, vestido hecho amorosamente con sus propias manos y pusiera temblorosamente sobre la pequeña cabeza de la efigie una corona riquísimamente ornamentada, que mandó a hacer en la famosa joyería "La Princesa", que el mismo rencoroso cura perdonó a mi padre y lo reconcilió con el pueblo. Así también, dice mi padre, se sintió mejor, muy a tiempo, en su conciencia, con el alivio de su madre (mi queridísima abuelita Elena), quIen sufrió dulce, callada y resignadamente los actos heréticos, hieráticos, "las herejías" de su indomable hijo, pecados de juventud, travesuras que contribuyeron al ostracismo de la pequeña familia Denegre-Vaught Alcocer ... "El pueblo carmelita es profundamente católico", comenta a menudo mi padre.
Y no obstante, la Isla del Carmen es una porción de tierra rodeada de ensueño y de amor. Eso no lo escribió un poeta sino un jurista y probo juez: Don Perfecto Baranda.
Mucho tiempo hacía que restauró el Ayuntamiento los Juegos Florales de las Fiestas de Aniversario de la Independencia del Carmen, de Julio. Invitado por el gobernador, estuve allí en 1959, acompañando a Doña Julia para la coronación de la virgen. La memoria se decora de horizontes marinos, lejanías nostálgicas, leyendas piráticas y cuentos narrados por el inolvidable, bullanguero y talentoso amigo Juanito de la Cabada, el inmortal escritor de los purpúreos pies y poesía declamada cordial y amablemente por lindas y alegres muchachas. Evoco miríadas de sonrientes chiquitas que llegaban en bicicletas de variados modelos multicolores a frescas, blancas casas mediterráneas, techadas con tejas marsellesas rojas de Martín Freres.


Adentro, algarabía, bullicio sobre las melodías sincopada que surgía evocadas por dotadas intérpretes de ancianas partituras sobre atril del piano europeo, de fines del siglo pasado, bien afinado, though. Y, acordes de bambucos colombianos arrancados a muy templadas guitarras yucatecas que desgranaban canciones de Gonzalo R. de la Gala y de Pepe Navarro. Escucho embelesado sus acuarelas tropicales plasmadas en el ambiente de la monótona brisa de los abanicos que bañan las carnes ardientes:
"Paseo sentimental por el Pasado”, embarcados en el magín de José Narváez Márquez:
"El viaje era por mar
En una pequeña y lenta embarcación
que navegaba a corta distancia de la costa,...
Primero, una débil lucecita en Haltunchén...
Luego, el faro "El Morro"
con su fulgurante centellear.
Y, poco después, surgiendo de las sombras,
como cuatro estrellas fijadas en la lejanía,
las luces de los cuatro focos de la Catedral...
Y tras ese largo paseo, alguien propuso: -- "Ciudad del Carmen". , ¡Todos!
Nos levantamos con la copa en la mano, como si fuéramos a brindar, dispuestos a cantar el himno que compuso a nuestra tierra. Recordé fácilmente la letra, pues la entoné cuando niño, desde un salón de fiesta, en medio del jaleo, la algazara y zarabanda de los festejos del 16 de Julio de los carmelitas radicados en la Ciudad de México.
Cantaríamos al terruño con el hondo afecto de siempre. Al Carmen, donde no nos dejaron crecer; sí, porque aunque nunca di mis primeros pasos en esa blanca arena, allí fui mecido por la brisa del mar y al compás de la hamaca recibí la primera muestra de amor, los arrullos y arrumacos que me prodigaba la madre de ¡aquellos ojos verdes!, cuyos resplandecientes iris iridiscentes se tendían ilusionados al horizonte, regalándome un porvenir de arco iris; ¡aquellos ojos verdes de mirada serena!, tan quietos como un lago, reflejos destellantes de laguna azul tan añorados por sus rendidos admiradores, desconsolados porque no los volverían a ver ya.


Y, allí, en su vientre, fui estremecido por los embates de las tormentas que sacudieron a mi padre, cuando quiso convertir nuestra Isla en Utopía fraternal, igualitaria y proletaria, conjurando la furia de los caciques con la varita mágica abra-PALABRA cadabra del fulgurante editorial, del iridiscente "IRIS", del adolescente periodista que al conjuro de su terrible palabra anarquista (al estilo de Bakunin y de Kropotkin) espantó a "LOS VAMPIROS DEL CIVISMO", desatando, como Próspero, La Tempestad que, ¡Gracias a Dios!, lo llevó en torbellinos a la capital para desarrollarse republicano y liberal; ya librero, liberó a Ariel de la garra de los Calibanes y de la implacable guerra a muerte de los “Pica-Pica”, picados por las banderillas satíricas de mi padre en verso:
Resulta que el señor “Pica-Pica” pagó sólo la mitad del precio de la plana de "Iris", y por más que los estudiantes le rogaron que liquidara el resto, el señor empresario se negó rotundamente. El periódico le dedicó una página del siguiente número en que criticaba esa actitud. Además, lo fustigó por otra excéntrica actitud. Como concesionario de la Plaza de Toros, aprovechaba las oportunidades para hacer públicamente el ridículo, dizque toreando. Su actuación taurina, aparentemente, dejaba mucho que desear:
"Pensará el señor Artiñano que nos regalan los materiales de nuestra publicación:
Vaya pues con el señor
que aprovechando su influencia
se echa para su conciencia
un pecadillo menor.
Haciendo de mataor
hasta provoca risillas
pero las banderillas
las pone como el mejor”.
Después de recordar la sátira a Pica-Pica, y lo trágico de las picardías del hombre de artimañas, mañas arteras que causaban gran dolor a sus paisanos, quienes lo maldecían y hasta deseaban que sucumbiera del mismo modo que su padre, se oye el cuchicheo del huésped: --¿Y cuál fue ese modo? La historia que se desgrana en medio del expectante silencio me llega casi ininteligible, como un murmullo:
-- Cayó víctima del marinero, artillero certero, que le disparó a quemarropa como castigo por haber puesto en la calle a la inerme viejita. Sacó las escasas posesiones de la pobrecita...Llegando de su viaje antillano, el ítalo lobo de mar, dejó atrás el ocaso, que agonizaba teñido de sangre en desgarradoras nubes de la tarde. Ya bajo luna de plata, se dirige raudo a la oficina de Artiñano y no más tres tiros le dio: --”¡Te dije que no lanzaras a mi madre, desgraciado!”...
Ni un minuto de silencio....Prorrumpe el viejo Steinway, en arpegios con trémolo y fortísimo; ya en medio del jolgorio, se escuchan también tremolar a las guitarras y surgen las notas del vals y, puestos de pie, cantanmos a coro, mientras nos cogemos de las manos y nos columpiamos al ritmo de tres cuartos:




El Instituto de Cultura de Campeche y El Centro Cultural Casa No. 6 le invitan todos los jueves a la
con
En el Centro Cultural Casa No. 6 Calle 57 No. 6 entre 8 y 10 (Frente al Parque Principal)
ENTRADA LIBRE

EL HIMNO CARMELITA
Molto Piano y ralentantto:
Ciudad del Carmen semejas tú,
Perla engarzada en el Azur.
Azul divino que sólo se mira
en tu cielo y tu mar.
VIVACE Y ALLEGRO:>
Ciudad del Carmen
caricia de olas
debajo de un Palmar.
Arenas Blancas
nido de olas
y de promesas de amoOOOOOR....
Palmeras cimbreantes
como abanicos abiertos hacia el soOOOOL!!!l.
Agua fresquita de coco.
Ostra exquisita y sensual.
Hamaca criolla en que duerme
la muchacha tropical.
Ciudad del Carmen,
Isla de Ensueño,
Encantadora y Gentil
Son tus mujeres
de ojos ardientes y labios carmesí.
Por contemplar tus ocasos
y ver tu cielo y tu mar,
Ciudad del Carmen, quisiera,
en tus playas el alma dejar.
¡TAN, TAN!...
Y al concluir nuestro querido himno natal, estoy bailando con Carmelita, besando sus "ojos ardientes y sus labios carmesí". ¡Ay, Carmen!...
Soñamos, mientras nos mecemos en sillón de caoba y bejuco... Con ¡toda felicidad!--¡salud! --en esa sede de calma, luna luminosa, fragancias, risas suaves salpicadas de olas y tradiciones susurradas cadenciosamente por Cármenes del Carmen que hacen honor a su nombre:


CARMEN SIGNIFICA CANTO. LA HISTORIA DEL CARMEN EN UN TRIS:
Porque Carmen en latín culto significa cántico, poema. Recibiría este nombre porque fue un dieciséis de julio, día de la virgen del Monte Carmelo, de 1717, en que derrotaron en forma definitiva y absoluta a los últimos piratas, y los heroicos pobladores, agradecidos por el milagro, quisieron cambiar el triste nombre de Tris por el romántico de su Señora, más propicio para festivales de la palabra, en prosa o en verso.
Pero consumada la expulsión de los piratas, tomó el nombre del virrey que había designado Primer Gobernador de la Isla, a principios del siglo XVIII, al dos veces vencedor de los piratas, Don Alonso Felipe de Andrade, valeroso representante de Valero, por lo que tras la hazaña de julio de 1717, Isla Valero dependió directamente de la capital. Un siglo más tarde, Iturbide ordenó que perteneciera a Puebla. Después fue de Tabasco, Yucatán y Campeche. Y hasta el 2 de octubre de 1828 fue designada con el ansiado título del Carmen.
Entonces recibió el escudo que ostenta el lema: "El Carmen por Yucatán y ambos por la República", estampado en piedra en el frontispicio del antiguo palacio municipal. No obstante, la villa se incendió en 1850 y todo el caserío fue arrasado.
Tres años después, sobre las ruinas del villorrio, Don Tomás Marín, marino, ingeniero y general trazó la ciudad, recibiendo ese título del Presidente Comonfort, en 1856. Allí comienza, apenas, la historia de Ciudad del Carmen.
Un siglo más tarde, en esos antiguos Juegos Florales Nacionales, escuché una apacible noche de 16 de julio:
"¡Isla a proa..marinos!,/ vocifera Alaminos a su grey de Ultramar..En sus papeles de marear,/ no hay signos, ni señala su brújula designios/..te proclama Señora / con el nombre de Tris".


LA TRISTE ISLA
Sí, el poeta campeón de aquellos Juegos, consigna el hecho histórico de que fue Antón de Alaminos, Piloto Mayor, que había navegado con Colón, quien llamó al lugar "Isla Triste" porque la encontró en abandono y sin pobladores, en mayo de 1518. Había bautizado al estrecho que supuso era el límite de la tierra descubierta, Boca de Términos (entre las islas de Aguada y del Carmen). El nombre figuró en mapas y cartas geográficas con la abreviatura "Trs", contracción de Términos o de Triste.
(1.-)Tristísimo apócope transformado en "iris" que me conduce como un iridiscente hilo conductor a la causa por la que hayas publicado la Crónica de Yucatán de López Cogolludo.(2.-)
En efecto, en la obra del Padre Diego López de Cogolludo se consigna el dato, ampliamente difundido de cómo la expedición de Juan Grijalva que piloteaba Antón de Alaminos, fue la que descubrió y reconoció la Laguna de Términos y desembarcó en la Isla del Carmen, tras la segunda derrota que sufrieron ante los bravos indios de Champotón que los expulsaron de sus playas, en 1518. Estas son las palabras del cronista:


LA CRÓNICA DE YUCATÁN
"Como la instrucción era que pasasen adelante, salieron del puerto Potonchan (y advierto que es el que se llama Champotón, y así lo nombraré de aquí en adelante): prosiguiendo al Occidente, llegaron a la laguna que se llama de Términos, cuya salida a la mar parece como boca de río, que por tal la juzgaron. Decía el piloto Alaminos que aquella boca partía términos con la tierra de Yucatán, que era isla, y por eso le pusieron aquel nombre, que hoy permanece en las cartas de mareaje. Allí salió a tierra el general Juan de Grijalva con los otros capitanes y muchos soldados, y estuvieron tres días, y recorriendo todo aquel paraje hallaron que Yucatán no era isla, sino tierra firme, con la que adelante se ve al Occidente. Reconocieron también ser buen puerto (y a no pocos ha dado la vida recogerse a él, navegando esta travesía de la Nueva España) y hallaron otros adoratorios con ídolos de palo y barro, casas de cal y canto, como las otras que había visto. Creyeron que habría allí cerca alguna población; pero no era así, porque aquellos adoratorios eran de mercaderes y cazadores, que pasando sacrificaban en ellos. Lo que hallaron fue mucha caza de venados y conejos, y habiendo sondeado la laguna, y llevando buena razón de ella, se embarcaron."

El padre López de Cogolludo refiere también la segunda visita de los españoles a la isla. La hizo Cortés tras su salida de Cozumel, en marzo de 1519. También piloteaba Alaminos:
"Llegaron a la laguna de Términos, donde se dice hallaron otro navío. Había enviado por delante un navío pequeño y buen velero, que reconociese el puerto, y si era tierra a propósito para poblar y había mucha caza como se decía, y pusiese señal de cómo había llegado. No le hallaron en este puerto; carta sí en que decía, cómo era buena tierra y de mucha caza, y que había halado una lebrela que en el viejo pasado se quedó en tierra, la cual luego que vio el navío, hacía muchos halagos y señas, y estaba muy gorda."
Por cierto, la Ordenanza de Montes, publicada en México en septiembre de 1795, y aprobada por real orden de febrero del siguiente año, el gobierno estableció en la isla un presidio, dándole de extensión 30 leguas. Y presidio fue más de un siglo. Al hacerse la Independencia, el presidio que era gobernado directamente por el virreinato en lo civil y militar, se agregó a la Capitanía General de Yucatán, de cuyo obispado e intendencia dependió en lo eclesiástico y financiero, formándose un Partido de la entonces llamada provincia, y que más habría de erigirse en Estado de Yucatán.
Justo Sierra O'Reiley consigna en su Partido del Carmen que así continuó, sin alteración, hasta que se transformó en Territorio por decreto de 16 de octubre de 1853. Promulgada la Constitución del 57, proclamada en Campeche la separación del resto de Yucatán, siguió su suerte el Carmen hasta la definitiva erección del Estado, "del cual forma hoy el Carmen el partido más rico, interesante y productivo."


ISLA VELERA HACIA LA LIBERTAD
Por eso fue que tu entrañable amigo, Toñico, Salvador Antonio Vadillo Oconue,--cuyo hijo habría de vivir varios años en casa de mi abuelita Elena, aquí en México, donde llegó a estudiar Ingeniería--, le puso vela y motor a la Isla para escapar de la prisión de la injusticia:
Voy a ponerle velas a mi Isla,
diez, veinte cien,
quien sabe cuántas
y por las dudas
un motor de borda
que sirva de emergencia.
y levaremos anclas
después de consultar a las estrellas,
dejaremos el lodo
que nos une con la carpeta sólida,
en busca de otros cielos
con amplitud de espacios,
donde la vida sea
lo que debiera ser:
LIBERTAD DE PALABRA,
LIBERTAD DE PENSAR,
ARROJAR POR LA BORDA
BASTARDAS AMBICIONES..
¡Voy a ponerle velas a mi Isla!
¡Qué bonito es soñar!
Toñico continuó las tareas literarias que había comenzado contigo. Fue fundador y director de Brecha, revista literaria que duró años y que nos enviaba desde el Carmen, para nuestro ocasional solaz y goce.
Fue un poeta de ideas socialistas. En El Pan, Radamés Novelo Zavala, su compilador, lo tiene diciendo al principio del poema (3.-):
"Los pequeñuelos lloran y piden a la madre/ un pedazo de pan./ Pobrecillos, ignoran que el padre, el obrero, en su afán,/ ya recorrió talleres en busca de trabajo./ Y regresa abatido sin el pan, cabizbajo..."
EL DUELO CON "PANCHO VENADO"
Fue Toñico quien te animaba a batirte con Pancho Venado, en el Campamento del "Kilómetro 47" (4.-) que narro al principio de la segunda parte de esta obra.
-- Sí, Jorge: Aquí estamos en un campamento de meros machos y no hay forma de que te eches pa'tras...Espero que por puritita suerte le pegues tú en una pierna, un brazo..¡y te salves!..Pero, ¡p's si no, ni modos!
--Pues sí, pero fíjate cómo mata venados: con un solo tiro de pistola. ¡Es tan chingón que no sabe de las escopetas! Y tú has visto ¡cómo, se echa las palomas al vuelo!...¡Está cabrón! Pero, tienes razón.. Ya no hay remedio...
--Pues, Jorgito, ponte a practicar unos tiros: que llegues al duelo un poco entrenado...
--No,¡qué voy a practicar ni qué carajos!...Si ni tiros suficientes tengo...¡Mejor me pongo a escribir cartas a mi madrecita, a mi esposa, a mi futuro hijo, a mis amigos...¡Voy a despedirme, Toñico!
¡Y don Jorge, se pasó ese día hasta la madrugada escribe que te escribe cartas y cartas a todos los que quería, que eran muchos...!(6.-)
Y fue Toñico quien llegó muchos años después al Liceo Carmelita, también. No a estudiar. Dirigió el taller mecánico y fabricó un motorcito --el primero armado en el Carmen-- que pudo haberle inspirado la idea de ponerle motor de borda a la Isla para escapar de la prisión de la palabra en búsqueda de libertad de pensamiento y de expresión.
Porque, papá, el Carmen fue Presidio colonial; fue presidio para los anarquistas y socialistas en cada uno de sus kilómetros cuadrados, en los años Treinta; siguió siéndolo en los 50's y Radamés pone en "A MANERA DE PROLOGO", en 1985, en el poemario de Toñico--publicado por el Grupo Brecha--la queja en versos del asfixiante ambiente del que anhela escapar Toñico surcando olas, vertiginosamente, bergantín con proa hacia la emancipación; verga, sostén de blancas velas, en búsqueda de la verdad: el bonito sueño de un poeta reprimido que pone hasta mil velas a mi Isla, para dejar atrás el cieno de la intolerancia.(7.-)
Y si de modo tan lacónico la protesta del poeta en pos de la potestad, nos ayuda a concebir parte de la realidad carmelita, para describir el paisaje, ¿qué mejor que rendir tributo al camarada Toñico pidiéndole prestada su cálida, cadenciosa y vibrante voz, de hombre enamorado del terruño y de la mar de infinita "variedad de verdes y de azules que el Astro Rey sobre sus aguas pinta y parece que anhelo insatisfecho le lleva a practicar en cada sitio, buscando un nuevo verde que haga juego con el azul del infinito", inclusive el verdinegro donde termina la Isla, para acuarelear al Carmen a la Claussell, retratando autóctona y poéticamente la Isla?

DE LOS PERIÓDICOS "IRIS"
Puede ser que todo lo anterior haya influido para que el periódico que diseccionaremos reciba el título "Iris". Pero, resulta insólito que descubramos una razón histórica insospechada por el joven director de aquel entonces. Sí, es inverosímil que ignore el editor de 17 años de edad que ¡¡109 años!! antes existió "El Iris", el primer periódico mexicano ilustrado con litografías. Fue, asimismo, el primero en publicar caricaturas políticas.
Tres personajes ilustres lo editaban: el cubano José María Heredia, luchador por la independencia de su patria y dos carbonarios italianos Claudio Linati y Florencio Galli. Con lo anterior basta para denotar el tipo de publicación que surgió en medio de los estertores de la incipiente república, apenas liberada del temprano imperio.
En el primer número se tiene el siguiente ideario, bajo el rubro Introducción:
"Al empezar la publicación del "Iris", creemos de nuestra obligación dedicar algunos renglones a manifestar al público nuestro plan y fijar los deberes que no imponemos.
"El único objeto de este periódico es ofrecer a las personas de buen gusto en general y en particular al bello secso (sic), una distracción agradable para aquellos momentos en que el espíritu se siente desfallecido bajo el peso de atenciones graves, o abrumado con el tedio que es consiguiente a una aplicación intensa, o a la falta absoluta de ocupación. Lejos de nosotros la idea orgullosa de levantar en el Iris un monumento de gloria literaria a la nación o a nosotros mismos. Sabemos comprender muy bien la esfera limitada de nuestros talentos, y confiamos en que la benignidad del público dispensará nuestras faltas y favorecerá nuestros esfuerzos".
"Tenemos la intención de acompañar con algunos números del Iris retratos fieles de los personages (sic) contemporáneos que se han hecho célebres por sus talentos o virtudes."
Así es que este órgano se propuso difundir la literatura. tanto mexicana como extranjera, reseñar las actividades teatrales, reproducir " piezas de música moderna y dar cupo a todo lo útil o agradable, tal como la moda". Se especificó que se publicaría cualquier envío excepto el que tratara sobre política de manera directa o "no contengan personalidades". Pero, lo cierto es que se trato de política interna y extranjera tales como unas interesantes sobre una "expedición a Cuba por el General Santa Anna".
El poeta Heredia se separó a fines de julio siguiente y la publicación que salía los sábados comenzó una efímera vida bisemanal, apareciendo miércoles y sábados, desde el número 14, con la noticia de que "este papel está destinado a las ciencias, a las artes, a la literatura y a la política" e incluía--entre sus "principales asuntos"--"noticias extrangeras".. El autor de las extraordinarias litografías es Linati. Sin embargo, se atribuye un retrato famoso de Miguel Hidalgo al primer litógrafo mexicano, José Gracida, de origen oaxaqueño.
El último número es el 40, aparecido en agosto dos y allí Linati y Galli se despiden para irse a carbonear en secretísima forma a otras latitudes, pues en su "aviso" sepulcral expresan su "agradecimiento a la hospitalidad mexicana".
De manera trágica ponen que "arrastrado cada uno por su estrella, pueden que dejen el hermoso Anahuac por otros climas o truequen tal vez la pluma por el arado."
Más claro ni el último epitafio, en la página última, citando a Demóstenes: "No hay nada más duro para los hombres honrados que el no poder manifestar su opinión con toda libertad."
Así, tu "Iris" fue precedido por ese ocaso del "Iris" de 1826, en la capital de la emergente república. Su nacimiento, como desaparición, debido a semejantes causas. Tú también trocaste la pluma por los libros. Medio siglo, después, Rivera Cambas, tu bienamado prócer, en términos parecidos se despidió en el último número de "El Combate”, que había nacido en 1876, precisamente: (8. -)

"EL COMBATE" de RIVERA CAMBAS

"Después de haber batallado cinco años, es preciso que descansemos y que llevemos a la sala de armas la pluma que nos ha servido para trabajar por la regeneración de nuestra Patria.-- Por hoy tomamos cuarteles de invierno y sentamos plaza entre los inválidos.-- Nuestra pluma se va a enmohecer; pero ¿qué mal menor le puede acontecer, cuando han muerto las instituciones democráticas y son unas mentiras las leyes y la moralidad?--Cuando el falso apóstol del pueblo, el hipócrita constitucionalista desaparece de la oscura política, nosotros ya no tenemos que seguir siendo el remordimiento de nadie.--Damos las gracias a los amigos que nos han acompañado durante los años de nuestros trabajos.--Si alguna vez aparece un periódico con el mismo nombre que el nuestro, no lo confundan tomándolo por el Combate que apareció en 1876. --Cuando queramos resucitar, sabremos usar la contraseña misteriosa que une a los independientes, a los que jamás doblamos la rodilla ante los tiranos.--Para la resurrección esperamos el consejo del porvenir y la marcha de los sucesos...
El Combate murió así, para nunca jamás resucitar (pues el General Díaz llegó para quedarse más de tres décadas).. "Inició sus actividades atacando al gobierno de Lerdo y en posición tan hostil y decidida que podría tachársele de francamente subversiva", dices con franqueza. En tu Bibliografía de Rivera Cambas ( 9. -) citas el artículo titulado, precisamente, El Combate, publicado el primer día de su aparición: (11. -)
"El Combate.--Periódico político.--Prospecto.--"Al decir nuestras últimas palabras en el SUFRAGIO LIBRE, prometimos una publicación intérprete de la voluntad nacional, boletín de guerra comunicando oportunamente las noticias del triunfo de la Revolución que en toda la República se ha presentado.--EL COMBATE es el título del periódico, eco de los sucesos que tienden a regenerar al país devolviendo el uso de sus derechos que tienden a regenerar al país devolviendo el uso de sus derechos a nuestros conciudadanos... EL COMBATE VERÁ LA LUZ EN MÉXICO MIENTRAS HAYA LIBERTAD PARA ESCRIBIR; cuando las circunstancias obliguen al Sr. Lerdo a matar a nuestro periódico..."
En tres patadas plasma Cossío la actitud de Rivera Cambas: "Testigo de las múltiples discordias de partidos y facciones que la arruinaban, quiso tomar parte en la vida pùblica y se declaró por las ideas de la libertad y del progreso. Así combatió a Lerdo por el porfirismo; pero cuando, triunfante éste, no cumpliera las promesas de su bandera, se levantó contra la farsa, contra la opresión, y lucha con un denuedo, con un ardor y con una decisión que asombran."
Tiene razón el sabio González de Cossío: Desengañado de la polìtica, Rivera Cambas se refugió en sus libros como si en ellos quisiera hallar lo que deseaba para su patria.
DEL PERIODISMO A LA LITERATURA POR LA VÍA DE LA DECEPCIÓN


DEL ORIGEN AL FIN
Y así como los fines y términos de todas las cosas se acuerdan en alguna forma y medida con sus principios y orígenes, esa múltiple concordancia que guía adelante el crecimiento desde el nacer cumpliendo por una metamorfosis regresiva esa disminución y ablación hacia el final que place a la naturaleza, así acontece con nuestro ser solar y lunático carmelita. Canto a Ciudad del Carmen aunque se pretenda que me canto a mí mismo, como un Walt Whitman vernáculo. Simplemente, hablo de mí y de los míos porque somos suyos, formamos parte de ese inmenso panorama que me tocó vivir y que comienza en esa isla de Tris, --tan triste--, en ese periódico Iris y en ese periodo literario del Tríptico Erótico, heroico e irónico.
¡Oh!, ese horroroso torrente profundo. ¡Aaaah! y el amor al mar, ve la velada lunar: mar-mar carmesí del Carmen; ven-ven, van-van, y vienen en olas, no solas, en colas, como las lenguas luengas del fuego y las gloriosas puestas de sol y plenilunios resplandecientes e iridiscentes arco iris y rosales del jardín de la plaza grande con el kiosco barrocamente enverjado y el sobrio templo de la Virgen y las diminutas callejuelas y las casas blancas y las tejas rojas y el Golfo y El Ultimo Paseo y Paseo de Mentiras y la guitarra de Guty y cómo le besó bajo el morisco balcón y se puso colorada y mi madre pensó en mí que latía en su seno y rodeó con sus brazos al revolucionario anarquista y lo atrajo hacia sí mientras le susurraba que dejara en paz al cura y al "vampiro del civismo" y al "pica-pica torerillo y banderillero" para que con todo su perfume y la voz de su corazón que latía loco-loco y sí dijo que tendría piedad porque detendría su espíritu en presencia de todas las graves consecuencias y lo constante de los sufrimientos de su adolescente esposa y que se unía con el ser que había engendrado para heredarle plenitud, armonía, esplendor y Paz, PAZ!!! Deseaba acabar con el caos, la disonancia, el grito y la rebeldía: evitar el exilio.
LA PATRIA Y LAS PALABRAS PERDIDAS:
Pero así no fue: no hubo proper words in proper places. Y, entonces, el embrión Lívingston comenzó a ser: lírico hurgador en las profundidades marinas del seno materno de frases encantadas para el sentimiento de la patria perdida. Lo triste fue que palabras como el Carmen no podrían ser pronunciadas, luego, sin una gran nostalgia por el lamentable distanciamiento de la porción de tierra rodeada de la Laguna de Términos, donde terminó la existencia para la familia Denegre-Vaught Alcocer.
Habíamos, todos juntos, los tres, identificado el lenguaje con la experiencia. No se podía confiar ya en la palabra escrita, decretadora del destierro. Frases como: "No habrá progreso hasta que caiga la última piedra del último campanario de la última iglesia", irritaron enormemente a nuestros coterráneos, ¿no? Por eso, el cura lanzó gritos de alarma: ¡¡Socorro, Por la Virgen del Carmen y nuestra Madre María, Auxilioooo, estos pelafustanes ¡¡quieren quemar el templo!!", cuando sólo ensayaban la serenata de las novias, soñando en noches de luna: ¡¡¡Y fueron a dormir al calabozo de la presidencia municipal, frente a la iglesia, mientras socarrona y beatíficamente sonreía Monseñor!!!
Behold!: Aquí pruebo el pensar carmelita: ¡ingenio heurístico! Dónde nada quedó que defender decidiste elevar lo periodístico! Diversión cruel, absurda y peligrosa que heredé. Búsqueda de la mote juste, con rabelianos y rebeldes epítetos:
"No serviré por más tiempo a aquello en lo que no creo, llámese mi hogar, mi patria y mi religión. Y trataré de expresarme en algún modo de vida o arte, tan libremente como se pueda, tan plenamente como pueda, usando para mi defensa lasa solas armas que me permito usar: silencio, destierro y esfuerzo."
Lo pudo haber firmado James Joyce o Jorge Denegre-Vaught, pero de todo eso me acordé.
El autor evoca su propia obra periodística radiofónica tan temprana como la paterna, escrita, y llega a comprender ahora, 34 años después, por qué se oponía su padre a que a los quince años de edad incursionara en la práctica de la comunicación de masas que antaño causara a la familia tantas desgracias. En 1958 ni entiende ni está conforme en que le exija que se concentre en sus estudios de leyes, y se olvide del "ingrato" periodismo.
Ante tal actitud de rechazo paterno por la praxis de una profesión que le apasionaba, Lívingston decide motu proprio su destino y obtiene una beca del Canada Council, (14. -) deja la carrera de Derecho en la UNAM e ingresa a la Universidad de Carleton a estudiar Periodismo en la primera escuela creada en la posguerra para el estudio de las Ciencias de Comunicación, dirigida por el fundador de estos estudios en la UNESCO, Dr. Wilfrid Eggleston.

IRRUPCIÓN LITERARIA



El ejercicio de la profesión periodística es interrumpido en 1968 para dedicarse a escribir vivencialmente tres obras. Tríptico Erótico consigna esta triple incursión literaria. A través de dos manifiestos enteramente antagónicos entre sí y la crítica apasionada a ambos documentos así como a la trilogía livingstoniana, suscrita por cerca de medio centenar de reconocidos escritores de la época, se entrega una clara concepción de esa obra que ahora se reanuda amparada, paradójicamente, por ambas tendencias.
La última obra fue publicada en 1970. También entonces fue repudiada, quemada y abandonada por su propio autor. Ahora, veintidós años más tarde, el mismo autor prohija el rescate de tales sendos manifiestos y el tríptico estilo y retorna con un trío de cuentos que propone para su publicación a la Universidad.
Y descubre que no puede abandonar el erotismo:


CARMEN DEL CARMEN EN CHAMPOTÓN

EXORDIO


En la Universidad Autónoma Metropolitana ME ACERQUÉ AL Maestro Marcos Karmy, humildemente, para que fuera su profesor asociado en el módulo que impartía sobre asuntos económicos. Él había determinado una investigación sobre una sociedad cooperativa pesquera en Champotón, Campeche.
Al informarle que había nacido allí mi padre, que yo era campechano y que tgenía casas en Mérida, le encantó la idea de que fuéramos juntos en mi camper—que estaba equipada con todo para vivir en ella en un largo viaje—y comenzamos por acercarnos al entonces Secretario de Pesca, Lic. Fernando Rafful Miguel*, mi paisano carmelita. La verdad. Ignoro qué fue a solicitarle Marcos. Pero el caso es que fuimos con un quinteto de representantes del grupo que haría la investigación, la cual tendríamos que presentar ante las autoridades universitarias y ante los alumnos del Tronco Interdivisional.
*Por cierto,--y aprovechando el circunloquio, el asterisco-- quisiera decir que últimamente he tenido un contacto frecuente con el señor Representante del Gobierno de Campeche. Ha sido el enlace más eficiente y cortés, con el señor Gobernador González Curi quien nos acaba de comprar la Biblioteca Sureste de mi padre para la extraordinariamente bella y funcional Biblioteca Central de Campeche, que él construyó. La sala principal lleva ya su nombre, Lic. Jorge Denegre-Vaught Peña. El señor Rafful se las gasta así: carta que envío, carta que me contesta al día siguiente anexando el recadito con el cual se dirige al C. Gobernador, diplomático envío que recibo en enorme bolsa de plástico que contiene un sobre lacrado dentro del cual van las tres líneas: "Aquí le adjunto el escrito del Dr. Lívingston..." Ni un comentario de más ni de menos. Escueta y lacónica frase oficiosa y formalísima. Puntual informe, equivalente a: "Cumplí con el encargo. Ya reenvié su misiva..." , ¿no? La prosopopéyica entrega por un uniformado empleado de DHL pareciera ser portadora de un mensaje substancioso y grandilocuente.
Don Fernando ha sido siempre amable, simpático, dicharachero. Agudo, gracioso, a menudo cuenta experiencias de sus viajes al Líbano, en relación a su familia. Es un auténtico campechano: abierto y jovial. Una enciclopedia viviente de relaciones muy humanas. Lo tengo entre mi índice de ilustres carmelitas. En efecto,
*Fernando Rafful Miguel nació el 5 de octubre de 1934 en Ciudad del Carmen, Campeche. Sus primeros estudios los realizó allí; más tarde se trasladó a la ciudad de México en donde llevó a cabo sus estudios y se recibió de Licenciado en Economía.(1961-1965)
Dentro del Gobierno se desenvolvió como analista en diferentes secretarías como la de Industria y Comercio o la del Patrimonio Nacional. Su carrera fue en asenso hasta llegar a conseguir importantes puestos como el de Director Gral. De control y vigilancia de la Secretaría del Patrimonio Nacional, Secretario de Pesca, Asesor del Regente del D. F. Además, fungió Secretario de Gobierno, Representante dela Secretaría de Educación Pública en Campeche y como representante del Gobierno del Estado de Campeche en la Ciudad de México.(2000)
Con respecto a las actividades académicas de este funcionario se desempeñó como profesor adjunto en la Facultad de Economía de la UNAM, como Coordinador de la Maestría de Pesca en la UAM Xochimilco (1984-1986). Fue Profesor de la materia Política Económica y Seminario de Tesis en la Maestría de Docencia Económica en el Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM (1984-1986). Ha impartido conferencias en diferentes foros sobre temas ligados al servicio público, los más recurrentes han sido: Petroquímica, Empresas Públicas y Pesca.
Algunas de sus actividades partidistas han sido: Ser senador de la República por el Estado de Campeche (1976-1982), se le otorgó licencia en diciembre de 1976 para desempeñar el cargo de Subsecretario de Pesca. Diputado local por el VIII distrito de Carmen Campeche (1997-2000).
Se le concedió licencia el 7 de octubre de 1997, para desempeñar el cargo de representante de la Secretaría de Educación Pública en el Estado de Campeche y es miembro del Consejo Político del PRI en Campeche.
Otras actividades: Asesor en cuestiones económicas en el Plan Oaxaca de las Naciones Unidas y para diversas dependencias del Gobierno Federal. Ha colaborado para las Naciones Unidas en la FAO en cuestiones de Planificación y Administración Pesquera en Venezuela y Honduras (1991-1994).
Ha recibido condecoraciones de los gobiernos de España, Japón y Venezuela.
Como visitante ha estado en Inglaterra, Grecia, Líbano, Argelia, Marruecos, Belice.
Mira no más los diversos rubros del sector público en las que el Lic. Fernando Rafful ha fungido como consejero o comisario de 1970 a 1976:en la Secretaría de Comercio Exterior (Banco Nacional de Comercio Exterior), en la de Comunicaciones (Central de Comunicaciones); Energía (Comisión Federal de Electricidad), Extracción y Beneficio de Minerales, Fertilizantes y Financiamiento a la Industria (Fondo Nacional de Comercio Industrial), Industria Automotriz y Equipo Rodante (Diesel Nacional), Productos Forestales, Industriales del Papel y Fibras Duras, regulación y Fomento de Actividades Económicas, Siderúrgica, Transporte (Aeronaves de México, Comisión Coordinadora del Transporte, Sistema de Transporte Colectivo: Metro, entre otras), Vivienda (Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores).
En el sector público pesquero fungió como Presidente del Consejo de 1977 a 1982 en las siguientes empresas: Productos Pesqueros Mexicanos, Ocean Garden Products, Exportadores Asociados, Refrigeradora de Tepepan, Productos Pesqueros de Guerrero, de Michoacán, de Mazatlán, de Escuinapa, de Sinaloa, de Alvarado, de Yucalpetén, de Salina Cruz, de La Paz, de Matancitas, de Guaymas, de Bahía Tortugas, de Isla de Cedros, del Pacífico. Ha sido también alto funcionario en Atún Mex, en el Banco Nacional Pesquero y Portuario, Comisión Nacional Consultiva de Pesca. Uno se pregunta ¿a qué horas ha podido leer tantgo, pues me constga sus conocimientos literarios. Y contesta:
-- Principalmente cuando estuve a cargo de la tienda de mi padre. Durante esa etapa de mi vida leí más que nunca."
Y como dije, actualmente es Representante del Gobierno del Estado de Campeche en la Ciudad de México.
Apenas hace unos días, el propio Fernando Rafful puso en mis manos una fotografía que le había entregado Marcos la víspera en el Centro Libanés.
---¿Y cómo está el Maestro Karmy? Hace mucho que no lo veo, pregunté curioso y agradecido.
--Muy bien. Tan bien que me sorprendió tomándose una copa rebosante de aceite de oliva, durante el almuerzo. Fue lo único que ingirió. Se rehusó a aceptar ningún otro alimento.
-- Está igualito que en esta foto. Apuesto a que Usted no se acuerda que nos la tomaron hace veinte años. ¡Como se ve aquí, en cambio, nosotros sí hemos cambiado algo!, ¿no?, comentó irónicamente.
Y de inmediato me obsequió esta foto. Se la agradezco al actual Representante del Gobierno del Estado de Campeche, en esta capital de la República:

Detrás de los paisanos de origen árabe, se asoma el Presidente López Portillo desde su retrato oficial, sentado en la Silla del Águila y
desde entonces amigo del joven secretario de Estado carmelita. Era en 1982



EN LAS PLAYAS DE TODOS LOS MUNDOS LOS NIÑOS JUEGAN A TIRAR LA RED, 'BAILAN Y CANTAN


En la playa de Champotón hay una palapa. Es un enorme pajar circular, Vamos por comida y resulta más difícil hallarla que una aguja en tal pajar. Es jaula PAJARERA de bellas campechanas, la verdad...
Estamos hambrientos, pero queremos mariscos y pescado y no esa clase de carne sabrosa a otras horas...
Venimos de varias reuniones en diferentes cabeceras municipales, en el trajín de la campaña política con el candidato presidencial. Los alumnos esperan. Están en medio de una investigación que propusimos sobre cooperativas pesqueras. El maestro Marcos está, además, perplejo. Sobre la mesa se forman, en hilerita, doce copas en líneas paralelas. Una detrás de otra permanecen intocables. No es hora para beber. Hace calor pero tenemos el deber de llegar sobrios ante nuestros alumnos.
--Nosotros no pedimos ni un trago. ¿Por qué nos las traen?...
--Se las manda ese señor que está allá.
--No lo conocemos. ¿Quién es?
--No sé. Viene con esa señorita.
Ni siquiera volteé.
---¿No nos puede traer comida: algunas botanas, aunque sea?
---No. No tenemos. Sólo hay para tomar...
Nos levantamos para irnos.
Como catapulta se arroja sobre mí un joven que no alcanzo a distinguir. Es un cuerpo atlético el que me arroja violentamente contra el otro extremo de la pared de guano. El mocetón me dio un empujón bárbaro con un manotazo. Reculando caí estrepitosamente de nalgas. Me levanté al instante y me dirigí a la salida.
--¡No pasó nada! ¡Vámonos!
Marcos azorado me palmeaba la espalda: --¡Te felicito! Has dado un ejemplo de hombría! Has puesto encima de todo el deber académico. ¡Imagínate si entras a la camorra! ¡Pararíamos todos en la comandancia... !
Me subí a mi camper. Allí teníamos bar, refrigerador y cocineta. Pero, no había ningún alimento.
--Mira, cerca de aquí, sobre la playa del río hay un buen restaurante. Vamos allá. Dije y aceleré. Llegamos en un par de minutos.
Me dirigí a mi armario. Saqué una automática Colt 38. No entré al restaurante, al que se enfiló como atraído por un poderoso imán--¡la canija hambre!-- Marcos. Fui a la playa. Rodeé el restaurante. éste se alzaba unos diez metros sobre el nivel del mar. Entré al mar que comenzaba donde estaba el edificio que montaba a caballo sobre la boca del río y calmado-- como plato-- mar de Campeche. Es la Laguna de Términos. Me quedé estupefacto: Caminando unos 20 metros sobre las quietas aguas marinas, la profundidad era la misma: la de unos 40 centímetros.
Volví desplazándome en nado submarino, enredándome en las abundantes algas marinas que infestaban el escasísimo fondo. Entré al restaurante sacudiéndome todavía los hierbajos que se adherían pegajosa y babeantemente a mi piel.



Estoy cabalgando en el recuerdo a la espléndida morena. He besado su vulva tan salada como el mar. He chupado sus pezones bermejos como un hambriento bebé: ¡Tengo hambre y sed! Que me traigan ostiones del color y textura de sus vibrantes labios vaginales. Los trago como succionaba su clítoris. Erecto punzaba mi paladar. Rica chiquitita. Te meto la verga hasta el fondo suave, lúbrica, tersa pero con esa empuñadura dura de la punta como la acerada espada que traspasa tus calientes carnes que palpitan, en sístole y diástole, entre estertores y gritos agónicos y suspiros tiernos... Es el sol ardiente, es tu sudorosa piel, tus entornados párpados que muestran la espesura de rizadas pestañas que ocultan la brasa de esos negros ojos tan profundos como tu hoy. Holy hole! Santo hoyo. Yo me hallo en ese hueco cuyo fondo no logro alcanzar: pozo de gozo, pozo sin fondo, pozo de unión: renuncia al pozo de la soledad.
Y te hincas y me coges y recoges mis sollozos y detienes mis retozos mientras me cabalgas con el movimiento de tus nalgas que se mueven sincopadamente con un ritmo que ni los Beatles.Ya estoy en los Rolling stones, cuando Lívingston es sacudido nuevamente por el cabrón mancebo.

-- ¡Carajo! Y ahora, ¿qué quiere usted?
-- ¡Hijo de la chingada! Otra vez te he mandado unos tragos para que la olvides y te haces pendejo... ! ¡A mí ningún chingao chilango me desprecia!...
--- ¡Pero!, ¿Qué te traes? Mira: somos un par de maestros que vamos a reunirnos con los muchachos en unos minutos para estudiar esta comunidad. No podemos tomar ahora.
-- ¡Qué maistro ni qué nada! Cabrón, ¡deja en paz a mi mujer! Ya me contó que anduviste con ella...
---¿Yo? Nunca la he visto en mi vida. Más aún ni sé cómo es porque ni siquiera miré a ninguno de los dos, antes...
--- Vamos al carajo. Acompáñame afuera. Vamos a ver quién se queda con ella.
Caminó hacia el bar. De paso cogió su vaso de la mesa de la cantina y de un sorbo lo tragó. Alcancé a tocarle la pistola que llevaba aún al cinto. Iba detrás con mi colt en la mano. Llegamos a la playa del frente del restaurante. De un solo movimiento lo hice volar encima de mi cabeza. Me apoyé en el brazo armado. Tenía una 45 del ejército, que cayó a su lado. La recogió de un zarpazo y comenzó a dispararme. Corrí en zig-zag. Llegué al balcón tirando sillas y mesas que obstaculizaban mi veloz carrera. Tome impulso, resorteé y salí describiendo una perfecta línea elíptica. Cuando toque el agua comencé un nado perpendicular al clavado. Nunca rozó mi abdomen el fondo arenoso. Bajo el agua me desplacé unos 60 metros.
El desgraciado acabó con la carga de su pistola, tirando a lo loco a cualquier punto del verdinegro mar.
Salí y me sorprendió encontrar una camioneta de la policía con tres policías de cada lado con sus rifles en las manos en actitud de disparo. Marcos asomaba su rubia cabeza a un lado de la torcida palmera que le servía de refugio. Me gritaba que ya podía salir.
--¡Oye!...¡Ya llegó el auxilio! Sal. Vámonos.
Decidimos que no podíamos quedarnos en Champotón. Esto después que mi mejor amigo, el presidente municipal, el historiador del pueblo, nos negó asilo en su casa:
---¡Vete inmediatamente! ¡No puedo arriesgar a mi mujer y a mis hijos! ¡El asesino te buscará! ¡¡Márchate lejos!....
Llegamos a la Capitanía del puerto que estaba en el camino, rumbo a la capital del estado- Me anuncian con el Contralmirante. Nos recibe principescamente. Sobre el delicioso postre, acompañado de champaña, a un lado el coñac, me suelta:
--- A usted le conozco desde hace mucho. Mi hijita anda de novia con su muchacho. Me cae bien,,,Pero, usted, no debe faltarle el respeto a las mujeres de nuestros marinos. ¡Son bravos! Andan de puerto en puerto. Pero, cuando están en tierra con la mujer del hogar: ¡que nadie siquiera las mire!
No quisimos quedarnos en la capitanía. Nos seguimos hasta la casa de un cura amigo de Marcos que vivía sobre la carretera, frente al mar, en un cercano puerto. Subimos a la azotea a respirar la calma de la brisa marina. Se pusieron a reconocer las estrellas. Yo no buscaba augurios celestes... Las pléyades, la osa menor, Hércules, Venus...
Las constelaciones refulgían y me quedé contemplando venus, la estrella vespertina y del amanecer... Me acordé de los ojos de la niña de las playas del Carmen, Carmen...
¿Me habría mirado de reojo en la palapa de Champotón? ¿Le habría descubierto los apasionados pensamientos, los lascivos recuerdos del celoso amante marino?


Tamam Shud
NOTAS:
1. De Tris a Iris sólo hay un pasito: convertir la T en I. ¿Será éste el origen del nombre del periódico que dirigió mi padre y al que dedico la primera sección de la segunda parte? Era una publicación patriótica, dedicada a exaltar los valores de la campechanía y a contribuir al mejoramiento cultural de Ciudad del Carmen. La cultura es la memoria del pueblo pero mi padre--con su prodigiosa memoria-- dice que no recuerda por qué le puso ese nombre al corpus cuyo recorte analizo diacrónica y sincrónicamente.
2. -Incluído en la Colección de Grandes Crónicas Mexicanas de la Editorial Academia Literaria, la obra está precedida por un vasto estudio profundo, erudito y revelador del gran historiador yucateco Ignacio Rubio Mañé. La obra consta de dos tomos. En el primero se presenta el estudio con ilustraciones de la época, inclusive un retrato original de don Diego López de Cogolludo, y el segundo contiene la obra en preciosa reproducción facsimilar. Fue un éxito editorial de resonancia mundial que atrajo a los mayistas europeos y norteamericanos.
3. -Los cuatro puntos cardinales y otros poemas, Salvador Antonio Vadillo Oconue, diciembre de 1985, Imprenta Municipal "Felipe Rodríguez Ara", impreso a solicitud del Grupo Cultural "Brecha"."El cómo y el por qué de este Poemario", prólogo de Radamés Novelo Zavala.
4. -Actualmente, la ciudad de Escárcega, la más pujante del Estado de Campeche que alcanzó su autonomía del Municipio del Carmen en 1988. En el ahora Municipio de Escárcega se construía en 1936, año en que ocurrieron los hechos que narro, la vía para el Ferrocarril del Sureste.
(6. -)Tantas amigos tenía, en verdad, que cuando nací me puso el nombre de los más queridos: Manuel, Augusto, Walter, Lívingston. Excepto el último, que honraba a mi abuelo, y Augusto que supongo que era in memento de Guty Cárdenas (quien le llevó serenata a mi madre allá en el Carmen), así como de un famoso short-stop yucateco que se convirtió en leal aliado de mi padre en su pugna contra la clase hegemónica del Carmen. Todavía tengo que preguntarle por qué soy "mula”, ¿y quién fue Walter? (Hoy me contestó. Me puso Manuel y, por ende, por eso soy mula, porque ese día nací (22 de junio), día de Corpus Christy, y Walter, porque simplemente se le ocurrió.
(7. -) El poema está escrito en Guanajuato, lejos de Ciudad del Carmen. ¿Es poeta en el exilio?
(5. -) En la parte más larga de la isla contamos 39 kilómetros. En la más ancha, 7.5, aproximadamente. Tiene, un poco más de 150 kilómetros cuadrados. Es pues la "i" que separa a la Laguna de Términos del Golfo de México, o donde Termina Términos, como pretendía Alaminos.
(8. -) En el número 817 del 3 de octubre de 1880, página 2, inserto en la sección "Gacetilla", Firmado: La redacción.
(9. -)Separata de la "Historia de la Intervención Europea y Norteamericana en México y del Imperio de Maximiliano de Habsburgo" de Manuel Rivera Cambas, que fue publicada por la Editorial Academia Literaria, fundada y dirigida por mi padre. México, 1962.
(11. -)Este periódico se publicó en la "Imprenta del Padre Cobos" (2a. de Venegas Número 6) desde el número 1 del domingo 30 de enero de 1876.
(10. -)Sebastián Lerdo de Tejada, a quien mi padre admira profundamente por permitir que la libertad de expresión campeara en México a pesar de las terribles circunstancias en que gobernaba. Fue presidente constitucional de diciembre de 1872 al 20 de noviembre de 1876. Durante su gobierno se incorporaron las Leyes de Reforma a la Constitución. Fue reelecto a la presidencia en 1876, pero la rebelión de Tuxtepec lo obligó a salir del país.
(12. -) Salvo un período de poco más de un mes, no hubo represalias del gobierno de Lerdo de Tejada contra el periodista. El Combate dejó de aparecer a partir del No. 80 del 12 de octubre de 1876 hasta el 26 de noviembre del mismo año en que se publicó el 81. Esto, en virtud del decreto del gobierno de Lerdo de Tejada, publicado en octubre, que restringió la Libertad de Imprenta. Mi padre analiza esta situación en los números 4 al 6 inclusive de la Bibliografía de Rivera Cambas, op. cit.
(13. -)Y resulta importante la enseñanza, ya que el juicio de González de Cossío sobre Rivera Cambas, basado en el trabajo de mi padre, es una polarización positiva de la negativa opinión que malévola, maliciosa y procazmente divulgó el Cronista de la Ciudad de México, Artemio del Valle Arizpe, en su Historia de la Ciudad de México según los relatos de sus cronistas, porque este hombre de bajas pasiones deseaba desacreditar al historiador del que abrevó y, de plano, plagió para realizar su propia obra. Esto es típico de algunos cronistas: difaman y calumnian para ocultar valores trascendentes que quieren utilizar sólo para sí mismos, egoístamente.
(14. -) La primera beca concedida a un estudiante latinoamericano por el gobierno canadiense, en extremo generosa y que se extendió hasta el término de la carrera en Carleton University,
*P.9, en blanco, con el epígrafe citado, op.cit.


PAGINA HOSPEDADA EN EL SERVICIO PERSONALES.COM DE SERVITEC

LUIS ADOLFO DOMÍNGUEZ ESCRIBE SOBRE Livingstone





PRÓLOGO A TRÍPTICO ERÓTICO


Hasta donde me consta, hace aproximadamente medio año que Livingston anda con el brete de estructurar su Tríptico Erótico, no solo como texto, sino como objeto-libro.

El deseo suyo de aparecer en su obra, en efigie y de cuerpo entero, le ha provocado dificultades, retrasos y problemas que le hicieron decir filosóficamente: “Jamás ha habido alguien que tenga que sufrir tanto por querer enseñar las nalgas”.

No le falta razón para hablar así, porque la construcción de su libro lo ha llevado a tratar con toda la escala social, desde la princesa altiva hasta la humilde pastora, con el resultado que, por fin, va logrando y que supone algo mucho más complicado que el habitual parto literario de todo escritor; la concepción de la obra como lo que ha de ser en última instancia: suntuosa puerta —en este caso labrada de ilustraciones— al deslizarse de la imaginación.
Independientemente de la exhibición glútea de Livingston, que no me creo calificado para aquilatar en su justa medida, el libro contiene algo que me parece valioso y que sustenta casi todas sus páginas: una teoría social, o política tal vez, entendiendo ambos términos en su sentido más lato, aristoteliano. El hombre, como animal político, social y sociable, ha ido modificando sus relaciones con los de su clase; ha creado una comunicación directa y desprovista de afeites, que todos estamos explotando y viviendo cotidianamente, pero que no definimos casi nunca.

Livingston sí intenta definir esta nueva era de la comunicación humana, y tiene la inmensa ventaja de hacerlo sin utilizar como medio un farragoso texto plagado de cultismos, neologismos y llamadas de pie de página. En lugar de eso sumerge sus dudas existenciales en relatos hechos con un desaforado lenguaje coloquial y que son por el tema mismo, de aprehensión inmediata y de atractivo fulminante.
Dicho en otras palabras: este libro merecerá ser designado como un absoluto y definitivo desmadre, en este año 69, de suyo tan lleno de contenido semántico.


No puedo pensar en otra forma de que el público lector hable del Tríptico Erótico, porque el propio autor se lo ha buscado y porque está rebosante de osadías de todo tipo, que necesariamente escandalizarán a mucha gente, pero que en aquélla que no deje el libro en la primera mala palabra —por que de algún modo hay que llamarlas, y en este caso creo que la primera mala palabra es mía y está algo más arriba— dejarán un cierto registo a ironía y humorismo, pero sobre todo, una inquietud profunda, ontológica, angustiosa, que no la fue propuesta con grandes argumentos inflados de sobria y pedante autosuficiencia, sino que se le dieron así nada más, contrabandeados en lo que parece ser un cuento, no solo inocuo, sino francamente frívolo e inocente.


Por eso la angustia tiene que ser más sincera.
Esta angustia, que de tan llevada y traída universalmente parece viejo familiar de todos los contemporáneos, es la que tipifica nuestra época de fulminante comunicación electrónica; de pensamiento conformado a través de machacones slogans y jingles; de crisis multivalente, lo mismo política, ideológica, religiosa y, ante todo, social, que primariamente humanística, espontánea y cultural. Es la crisis del libro y de todo lo con él relacionado: la crisis de nuestra cultura libresca y de nuestros sentimientos literalizados, que de una generación a otra se van haciendo más imagen y menos adjetivo; más fotonovela que novela a secas.
Tríptico Erótico viene a ser un libro personalísimo, autobiográfico en parte, crítico en otra y ficción en lo que cabe, pero no es eso lo que puede ayudar a clasificarlo, y de cualquier modo, si nos empeñamos en llevar a cabo la consabida clasificación, tan inútil como insuficiente, tampoco nos ayuda el pensar en que sea novela, ensayo, cuento o relato, porque lo es todo a un tiempo. En todo caso, resulta mas ilustrativo decir que es un libro que tiene conciencia de la capitis diminutio a que se están viendo sometidos todos los seres de su especie, en un tiempo en el que unos cuantos individuos, infatigablemente tercos, seguimos empeñados en deificar a los libros justamente, a sabiendas de que esos libros emanan de cintas magnetofónicas, y van a convertirse en cintas microfilmadas...

Es un libro hecho conscientemente de la decadencia del libro, y que conste que lo paradójico del hecho se agrava porque el autor es hijo de un erudito editor. Ha vivido entre libros todo el tiempo. Tal vez por eso su expresión, litetaria a pesar suyo, va de la náusea sartriana al nihilismo de Cohn Bendit, pero nacionaliza a ambos muy a la mexicana, a través de nuestra ineludible mentada de madre o de nuestra casi siempre explosiva adjetivación.
No se trata aquí de enfrentarnos a una obra de creación. Podría ser de recreación más bien. Lo fundamental es asomarse a un texto concebido como un intento de extroversión espontánea y de primerísima mano, hecho buscando desprenderse de un convencionalismo. Un libro en el que el autor se está exhibiendo desnudo, como alegoría de la verdad, o mucho más claramente aun: de la vergad, al decir del propio Livingston.
Llegar a este punto es todo un hallazgo para un prologuista, que tradicionalmente tiene que verter en unas cuantas páginas el mayor número de pedanterías posible, sazonado debidamente con una proporcional cantidad de alabanzas hacia la obra. El hecho de que el autor de un libro pose desnudo para la edición viene a ser un estupendo argumento, y hasta donde sabemos, no se han dado otros casos en ninguna parte, porque el único libro que reproduce al autor en total desnudez no hace mas que utilizar un relato previo. Tríptico Erótico tiene las ilustraciones hechas expresamente; no hay nada que obedezca a otro fin, y eso da indicio de la intención de Livingston, de desnudarse —física y literariamente— para escribir.
Pero si bien es valiosa esa intención verista, que de hecho ningún autor necesita tener, porque en resumidas cuentas cada uno es libre de escribir como y lo que se le da la gana, hay un aspecto que no puedo dejar de mencionar, porque hay bien pocas obras literarias de las que se tiene noticia cómo fueron escritas, y cuando se es testigo de un parto de este tipo, lo menos que puede hacerse es consignarlo abiertamente, aunque sea como mero interés anecdótico para las generaciones futuras, que si son como las conocidas hasta hoy, deben meterse en todo lo que no les importa.
En alguna parte de Tríptico, Livingston dice que está “escribiendo... escribiendo... escribiendo...”, a razón de no sé cuantos miles de palabras por día, y sin hacer otra cosa, más que eso. Creo que puedo dar fe, porque hace no menos de dos meses que Livingston no hace más que escribir, y ¡vivir!, conforme a su obra.este detalle tal vez me valga una severa amonestación del autor, que va a calificar mi prólogo con cualquier pinche adjetivo, pero yo he estado viéndolo prácticamente sobrevivir en razón directa de su libro; lo he seguido diariamente en el proceso creador; he oído fragmentos; he comentado, y mentado, asuntos y accidentes; lo he leído; lo conozco al punto de decir que, si fuera notario, daría mi certificación de que es copia fiel del original; pero nadie pide semejante cosa de un libro que se supone es ficción pura, y sin embargo, yo no puedo ignorar este hecho.
Guillermo Prieto dice que cuando él escribía, actuaba exactamente sus palabras y sentimientos, frases y acciones, hasta el punto de dar la impresión de un loco. Lucas Alamán escribía como un tenedor de libros: meticuloso, tranquilo, impecable. Hemingway escribía casi parado, apenas apoyado en un banco alto, Simenon se encierra en su despacho y ¡en tres días! acaba una novela, cabe suponer que recorriendo todos los grados de desvestimiento y barbación. Livingston, como Balzac, se pone a escribir a las doce de la noche y termina a las cinco de la mañana. Si fuera tan prolífico como Salgari, se moriría en un año; yo lo he visto adelgazar algo así como diez kilos en este lapso, pero él dice que ha bajado seis, gracias a su dieta especial y al ejercicio.
No estoy comparando a Livingston Denegre-Vaught con ninguno de los escritores arriba citados. Cada uno de ellos escribe, en verdad, muy diferentemente. Hago constar esto porque no quiero que se levanten falsos, y además, porque me consta todo lo dicho, en virtud de que somos vecinos. No podría decir estas cosas de ningún libro que no hubiera seguido cotidianamente. El ser habitantes de una misma región provoca en los seres humanos lazos indisolubles, que el Departamento del Impuesto Predial sanciona escrupulosamente.
Si he de continuar con el chismorreo extraliterario, puedo decir que el Tríptico fue escrito casi todo de pie y en traje de baño o con muy poco más encima. Livingston tiene un restirador, de esos de arquitecto, no de inquisidor, y en esos aparatos se tiene que estar casi de bruces y parado. Cuando se trata de dibujar la postura debe ser cómoda; escribir a máquina allí debe provocar dolores de espalda insoportables, pero Livingston delineó su libro, como diría Manuel Acuña: “sobre la plancha”. Agréguese a esta decoración un retumbante autoestentóreo que se deja oír hasta la sala, reproduciendo las modulaciones de Petula Clark, muchas lámparas de luces en colores absurdamente diversos... y grabadoras, muchas grabadoras de todos los decibelios imaginables, con audífonos, con “estetoscopios” que introducen el sonido hasta la ultima neurona, con micrófonos largos, angostos, redondos, dorados. A la izquierda hay un bar-barco; a la derecha un muelle estilo couch y aventados por todas partes taburetes y cojines. Además hay un radio de mesa y una mesa chaparra y grande, llena de pipas, ceniceros, medallas que ganó en natación, tapavasos, mezcladores, libros, llaveros... Los diplomas que ha tenido por sus tres carreras profesionales; cartas de felicitación de presidentes y primeros ministros; documentos que —como él mismo dice— en momentos de angustia y depresión le elevan el ánimo porque son los reconocimientos de su valor por gentes e instituciones prestigiosas, llenan completamente las paredes así como caricaturas y dibujos que le hicieron Guasp, Cabral, Marlan y otros. Yo pude contar hasta 50 cuadros. Ese es el escenario durante la noche. Tres o cuatro horas después de acostarse, Livingston se instala en la mesita de su jardín. Allí, teniendo bien a mano sus botellas de vino y whisky, queso, refrescos, pipas, grabadoras y más, continúa escribiendo. Interrumpe de vez en cuando el proceso de recreación para levantar sus pesas, dar unos drivers de golf, tirar algunos pases de fut, o simplemente pasearse por el ejido. Así continúa hasta que oscurece y vuelve entonces a su estudio mágico.
La escena de alguien escribiendo en medio de la decoración antes descrita sugiere más el cubil de un alquimista que la mansión donde se gestan las novelas. El aislamiento más radical, más íntimo, de nuestra época es de origen electrónico.
Una muralla de música separa al editor del mundo circundante, y así como nadie puede escribir ahora ignorando secuencias y técnicas cinematográficas, es imposible crear obras que no tomen en cuenta el ruido de la música, los nombres de los ritmos, los títulos de las canciones. Julio Cortázar juega a la rayuela casi constantemente suspendido entre la dialéctica y Dizzy Guillespie. Livingston escribe los sonidos de una cinta magnetofónica; ahora todos tenemos que ser fonoescritores.
En cierta forma, puede ser tan importante el sonido para este libro, que significa la definición misma del estilo, o del escritor, que es lo mismo según la repasadísima frase de Buffon. En este caso la grafía casi viene a ocupar un segundo plano, porque Livingston atiende al sonido de las palabras y a su significación, para perderse en derivaciones interminables, que la declinan, la apocopan y la someten a metátesis inverosímiles. Las libertades ideográficas se suceden, las ortografías surgen como tour de force, como reto a la Real academia, que importa una pura y real nada a estas alturas, en momentos en que limpiar, fijar y dar esplendor parece más propio del champú Breck que de una docena de señores que, si no son millonarios, por lo menos llegan a centenarios fácilmente.
Livingston escribe por asociación de palabras y de ideas. Fiel a su postura rebelde frente a las instituciones, tiene pasajes trazados con mala intención, saltando renglones, escribiendo de cabeza y quitando signos de puntuación entre otras cosas, pero no es eso lo que podría definir su estilo, porque se revela más claramente en los juegos con términos semejantes en sonido, o de plano homófonos, pero empleados con astucia.
Otro aspecto del estilo livingstoniano es su evidente aliento poético, que es el punto de partida de sentimientos expresados, pero sobre todo de relaciones del escritor con algo o alguien. En esto se percibe un dejo de orientalismo, tanto cuando se trata de escenas amorosas como cuando se entrevé una concepción eminentemente sensual del mundo, incluyendo las cosas inanimadas.
El orientalismo es algo inusitado de nuestro medio. Posiblemente no puedan citarse más de cuatro escritores con esta tendencia, y por lo pronto me saltan así los cuatro nombres, que voy a poner como gesto de sublime erudición:
José Juan Tablada, Efrén Rebolledo, Gutiérrez Nájera, y el multicitado Livingston.
Cada uno de estos señores tiene su propio estilo, repertorio e intención, por supuesto —habría que citar a Pedro Requena Legarreta y se me pasó— pero hay en todos un eco a Mil y una noches, a Omar Kayam, a Gitanjalí. Esto es por completo desusado en nuestro medio, normalmente inspirado en autores españoles o bien en los últimos resonantes escritores de habla inglesa. En el caso de Livingston, según pude averiguar, el orientalismo obedece a que estudió desde chico aquellas obras, cabe suponer que porque en general no dejan que uno las lea cuando es chico, pero además, porque en Canadá hizo su tesis de Maestría en literatura Inglesa sobre el Rubaiyat, según la traducción de Fitzgerald. Además su padre es un docto investigador en literatura hundú y lo orientó por ese camino.
Ahora bien, en este punto parece haber ya demasiados elementos definidores de un libro que no necesita de una explicación previa. Lo ideal hubiera sido ir al grano: Tríptico Erótico es una libérrima mitoautobiografía, en donde los hechos ciertos, personales, se adoban con ficción, en uso del derecho constitucional del escritor, de poner en el papel lo bueno y lo malo, lo falso y lo verdadero, lo material y cotidiano, junto con lo poético. Esta es una autobiografía ficticia a ratos, estenografiada —si se me permite el participio— con los muebles, los aparatos ruidofónicos y electroestáticos, y hasta con el vecindario, del autor.
Con el Tríptico se tiene, más que una indiscreta visión de una vida privada, lo que va conformando la nueva imagen del intelectual, firmemente asentado en su época y su medio, dependiente de los adelantos técnicos, escéptico e iconoclasta, pragmático



lunes, 19 de enero de 2009




Colgué mi cachucha escocesa en el mismo sitio donde la puse hace 15 años, la última vez que estuve ahí.

Desde aquel invierno no había vuelto a esta casa.

Y esta Navidad, ¿quién vendría?

Mi rejuvenecida ex consorte —con la quinta operación de cirugía plástica, creo—apareció radiante y gentilísima por las escaleras.

-- ¿Qué tal Teresa?

En el primer escalón se detuvo ella. Condescendientemente puso su mejilla. Bien sabía yo de esa costumbre. Para Teresa – católica—ese fue el singular beso de la Paz. Paz te doy.

--Paz te doy, quise decir.

En vez:

--¿Cómo has estado?

-- ¡Estás helado!, graznó.

-- Granizó. A las muchachas les encantó el viaje.

--Tú te me vas para arriba y te bañas en la tina, ¿me oyes?

-- Calientita, eh? ¿Qué te mando? ¿Té. chocolate, café?

Y no me molesté; ¿no era un cognac lo obvio?

¡Y cómo habló ella de rápido para evitar esa sugerencia!

-- ¡Mándame chocolate, pero mejor será que ofrezcas a las muchachas una verdadera bebida!

-- ¿Qué te pasa, Li? Puedes tomar una copita, si quieres. Pero debes cuidarte. ¿Te estás cuidando, no?

Sé que te impuso el Dr. Vargas una dieta alcohólica permanente…

Sonreí. Comencé a ascender la escalera. Me pareció más vertical.

Te he puesto en tu cuarto, por supuesto. Tendrás que compartir el baño con Sherry. Eso es lo más que puedo hacer. Tu hija no estaba siquiera segura de pasar por ti hoy.

El cuarto era el mismo. Aunque los muebles habían cambiado. Mi sillón favorito no estaba donde a mí me gustaba. Pequeñeces: ceniceros por aquí, flores por allí. Era un cuarto joven. Ni una pintura. Cómodo, sí. Pero, extraño para mí. ¿O más bien yo era extraño al cuarto?

Ahora me mezo en la silla y me acuerdo de

LOS AMIGOS PERDIDOS:

Escribí animosamente a quien prometió reiteradamente visitar al autor y de manera descomedida, descortés y brutal lo plantó varias veces.

Preferí perder amigos que dejar de decir frases ingeniosas. Y, no se les olvide, no hay hombre tan falto de amigos que no pueda encontrar alguno con sinceridad bastante para decirle unas cuantas verdades desagradables...¡sin dejar de serlo!

Hace poco más de veinte años me operaron de una catarata en el ojo izquierdo. Escribí [1] una docena de artículos sobre el asunto, hablé de “los ojos del alma”, de las figuras fantasmagóricas de la cueva de Platón y, en medio de la barahúnda, hablé a todos mis amigos. Vinieron a verme 269, ¡doscientos sesenta y nueve!, entre ellos gente común y corriente y notables personajes de la cultura nacional.

Se lo conté a Jacobo Zabludovsky:

--Caramba-- exclamó--, yo cuento a mis amigos con los dedos de una mano...

Ahora, me acaban de intervenir quirúrgicamente el ojo derecho para extirparme otra catarata. Ya no escribí de la historia del ojo, al estilo del finamente erótico Georges Bataille. Tampoco armé una pieza dramática. Y la cosa es que algunos amigos se resisten a visitarme para contemplar a un hombre biónico, con vista artificial, al estilo superman.

Me siento triste. A lo mejor, despechado. Mi orgullo está herido. Algunos no sienten ya afecto alguno por mí, tienen otras cosas qué hacer, más importantes que venir a perder el tiempo al lado de un sexenagenado o, de plano, quieren aprovechar esta ocasión para dar rienda suelta a su resentimiento, en mi contra.


Así pasó con mi amigo de la infancia, Lalo. Llegó a hacer pormenorizada cuenta de las veces que le agravié. Dijo, al final, que su presencia en mi casa demostraba cuánto me quería porque, aunque no podía olvidar esas ofensas, ya me había perdonado. De su hermano, Octavio, el inefable e infalible pero feliz en su magnífica mediocridad, no podría decir lo mismo-- añadió descarnadamente mi excelente amigo-- porque se negaba a visitarme, lo cual --como acostumbra a bromear el mismo Octavio-- me es inclusive.

Consecuentemente, pasé una tarde angustiado, indignado y muy disgustado. Sentí pánico. Uno de mis mejores amigos tenía motivos para odiarme y hubo un momento en que me propuso cruelmente que se podría vengar haciéndole mal a mi hijita de cuatro años de edad.

Cuestiones existenciales terribles presionaron el pesado ambiente, oprimiendo mi corazón, ensombreciéndome con toda clase de dichos y dicharazos: todo se paga en la vida; el que siembra vientos cosecha tempestades.., en fin, la malicia tiene una memoria muy grande. Lalo es malo. Me hizo profundamente infeliz porque me despojó abruptamente de la muy escasa dicha que me era dable tener en este mundo, y que descansaba en la certeza de haber hecho el mayor bien y el menor mal posible a mis amigos. Es frase de Foscolo: “...il minor male possibile al cuore dei nostri amici.”

Y lo que más me duele es que este desengaño irreparable me lo cause mi amigo del alma, inseparable camarada desde el jardín de niños. Nuestras vidas estuvieron tan enlazadas desde nuestra infancia que pudiera decirse que forman parte la una de la otra y que he hablado de él casi siempre que he tenido que hablar de mí:

Sa vie et la mienne on étè tellement mêlées depuis son enfance que nos deux existences font comme parti l’une de l’autre, et que j’ai parlé de luí presque partout où j’ai eu à parler de moi.

Yo me he ganado los corazones generosos con afecto. Mas, los espíritus mezquinos son ingratos. Hay hombres de tan mala especie, que no saben hacer bien a nadie; y si alguna vez aciertan a ser provechosos para alguno, quieren que le sea esclavo, obsequioso y eternamente servil. Eso, porque les cuesta mucho trabajo el haber hecho algo bueno contra su natural inclinación.

De estos especímenes es que estoy tratando, aquí. Son ellos los que creen que me hacen daño dejándome solo al tiempo de la mayor necesidad, según suponen.

Por ejemplo, Lalo quería que le agradeciera yo--como exige a todos los que alguna vez otorgó préstamos del dinero bancario que manejaba como gerente-- lo mucho que me ha dado. Debiera saber que ningún hombre digno pedirá que se le agradezca aquello que nada le costó, porque lo concedió de buen grado, cariñosamente. En cambio, antenoche llegó a beberse, a pico de botella, rufianescamente, un vino nacional al que, además, consideró demasiado poco para él. También, se acabó un par de botellas a las que llamó corrientes. En fin, fue la manera vulgar de un hombre borracho, resentido y predispuesto a que de ningún modo agradeciera yo su ingrata visita. Llegó a desquitarse, extrañamente. No obstante, alardeaba, burda e incoherentemente, que para mí era una dádiva su visita. En este triste caso, le repliqué, no obliga tanto la dádiva cuanto el dolo de hacerla porque el regalo tiene el rango de quien lo hace. Pequeña prenda de una no pequeña ni corta amistad. Estoy seguro que no me entendió.

Entonces, intenté otra alegoría.

-- Lalo, podría resumir nuestra relación así: amigo fuiste, muy amigo de hacer y dar cosas, que derramaste generosamente, pero todas las pusiste como cebo en un anzuelo; ¿y qué pez puede amar a un pe<s>cador? Es decir, la manera de dar vale más que lo que se da. ¿Cómo agradecerte tan infeliz visita? Asimismo: arrepentirse del bien que se ha hecho no cabe en ánimos nobles. O dicho de otro modo: dones que vengan de un hombre malo, no traen provecho. Escribió Dostoiewsky en su obra maestra, El jugador: “Al hombre malo-- Lalo-- le gusta ver a su amigo humillado ante él. Para la mayoría, la amistad está basada en la humillación.”

¡Hasta escribí una

EPÍSTOLA AL ANTIGUO AMIGO UNIVERSITARIO!:

Tú, Rollingstone, sin venir, me has causado mayores agravios. Por eso, contradictoriamente, gracias, amigo, por no venir. Seguramente, has de pensar: ¡Lívingston ha pretendido obligar a sus amigos a visitarle! ¿ Y qué beneficio hay cuando se obliga a un traidor?

No es paradójico: He querido poner a prueba la lealtad de mis amigos. Debí abstenerme, salvarme de las penas y comprender que cuanto se ha escrito sobre la fidelidad es irremisiblemente cierto. Es por ello que en esta coyuntura, en medio de los azares de la vida, encuentro, entre las cuatro paredes de mi recámara, las cosas tremebundas de este mundo que dan muy poca felicidad.

Creí que tenía muchos amigos y no quise prescindir de ninguno. Y voy encontrando enemigos anidados en esas impías almas. Empero, fueron “Amigos” que ahora me desprecian, porque creen verme abatido, a sabiendas de que todo mundo corta leña del árbol que está caído. Suena a verso pero podría hacer otra prosaica variación sobre el tema: diré que entre mis amigos y yo, sólo uno es amigo del otro. Porque-- continuando con los aforismos-- buena cosa es tener amigos pero mala el que piensen que tienes necesidad de ellos.

¿Quién no sabe que es difícil encontrar un amigo fiel? Si buscase como único compañero a uno solamente, aunque fuese con la linterna del cínico Diógenes, me expondría a permanecer solo con mi pequeña familia, durante toda mi enfermedad. Por tanto, le hablé a todos. Y , gracias a esa actitud estúpidamente previsora, hasta ahora, no he dejado de recibir amigos, desde la semana pasada. Ayer, llegaron quince. Antier, tres. Anteayer, una amiga. Un día antes, un par... Dirás lo que quieras: Sin embargo, estoy persuadido de que esos amigos fieles son mejores medicinas que las que me recomendó el médico: son el elixir de la vida. Tengo consuelo, por más que me procures adversa fortuna y evites el desahogo del alma.

Pondré como ejemplos algunas cándidas frases que me han querido dejar en conmovedores mensajes manuscritos:

Yo entiendo la amistad como un sentimiento cabal y leal...Dar la mano es una de las cosas más satisfactorias cuando se ama a los amigos. Magdalena.

Algunas veces la vida nos pone tropiezos o pruebas. Mientras las salvemos con valor y sabiduría seguiremos recorriendo ese largo camino...¡Gracias a Dios has salvado una pequeña prueba más! Amalia,

Lívingston. Gracias por permitirnos entrar a tu casa, por esta confianza. ¡QUE ESTÉS BIEN! ÉRIKA.

Estoy seguro que lo que no mata, endurece. Te agradezco el empeño que pones en nuestra amistad; empeño que, muchas veces, desgraciados e infelices infieles lo malinterpretan. ¡Pronta recuperación! Julio.

Deseos para que vos regreses a la vida ordinaria con una vista mejor que la de Superman. Alberto.

Antes que nada, déjame decirte que eres el mejor amigo que yo conozco y, además, un personaje muy culto, preparado, respetuoso. Tu imagen la tengo grabada en mi conciencia como un ejemplo a servir. Te respeto y estimo. Limón.

Espero que tu recuperación sea pronta porque la función debe continuar en este teatro, el de allá y más allá. Aquí, en la vida, cuenta conmigo. Te serviré en todo lo que te pueda ayudar a mejorar. Tu amigo de siempre. Raúl.

Pequeñas muestras de afecto que me ponen contento.

Pues, si es cierto que conocí tiempos más felices y conté con amigos como tú, hoy no me hallo solo: tengo todavía los verdaderos amigos quienes, suponiendo erróneamente que padezco infortunio, están todos los días conmigo... Ahora mismo, tengo que interrumpir esta epístola porque me llama un amigo, a la puerta de esta casa, que abriste tantas veces por tu propia voluntad y sin que requirieras invitación alguna...

En cambio tú...

Has tirado una amistad al fango de los cerdos, ¡cochino! En el Eclesiastés, me encontré con esta otra perla, que debía ser consigna en el reino de los hombres de Bien: “No abandones al amigo antiguo; el nuevo no valdrá lo que aquél...” Aquello, porque el que encuentra un amigo, encuentra un tesoro y eso, hoy, resulta inverosímil. Te equivocaste: al volverte abstemio, a fortiori, desparramaste y tiraste al diablo los odres de los sentimientos nobles: hay que dejar que la divina amistad se haga añeja para beberla con deleite, in spite of your actual sequedad. ¡Entonces, debes emborracharte de-- y no con-- una vieja amistad!

Una canción que toco en el piano frecuentemente, con patriótico deleite --y que es el himno tradicional escocés dedicado a la amistad -- es Auld Lang Syne. Se le atribuye al gran poeta Robert Burns. En una estrofa, canto así:

¿Podrán olvidarse los viejos amigos y dejarse perder su recuerdo?

¿Podrán olvidarse los viejos amigos y borrarse el recuerdo del tiempo pasado?

Desgraciadamente, sin duda, sí existe ese infame olvido: algunos se han distanciado para siempre. No leerán nunca a Cicerón. En su Ensayo sobre la amistad, pregunta: “¿Hay algo más dulce que tener a alguien con quien poder hablar de todas tus cosas, como si contigo mismo fuera?” A gentes como tú, tales dulzuras ya le están vedadas.

LA VIDA DURA, (?) ¿LA AMISTAD DURADERA?

No obstante, en la adversidad, supuesta, estoy conociendo a mis amigos.

Al revés: en la prosperidad, fueron ellos quienes me conocieron, al desnudo. Pero, la mezquindad política y el interés mercantil jamás han forjado amistades duraderas. Prohiben perder el tiempo en pendejadas, dejadas.

Tú, falso amigo, me seguiste, como sombra, mientras brilló el sol de mi ingenio. Fue una ficción basada en momentánea experiencia, a tu servicio. Aprendiste-- dizque hábil conducto de hombres-- que hay que separarse de los afectos cuando ya no te es útil el Intelectual Orgánico. Sembraste un desierto vasto, utilitario, ausente de amistad, con el propósito avieso de preservar una salud psicosomática que ya no podrás recobrar porque está enfermo tu espíritu.[2]

Eres amigo bueno para estar bien lejos y merecedor de esta epístola, a distancia electrónica. Debieras saber, asimismo, que los amigos verdaderos comparten la felicidad cuando se les ruega y acuden a consolar de la desgracia, al que yace inválido en su alcoba, sin que se les llame.

El arrepentimiento del hijo pródigo y la espalda vuelta

Pero, te digo, no obstante que la cosa más deliciosa sería una poca locura ocasionada por el placer de recobrar un amigo perdido, como en la parábola del hijo pródigo. Quisiera tu arrepentimiento, para no admitir que derrochamos mi credulidad y buena fe.

Acordemente, aunque sé que es más frecuente enterrar amistades que amigos, añadiré con Jovellanos:

Puedo yo haber sido desgraciado en amigos; puede haberme privado la desgracia de los que tuve en prosperidad; pero yo no emanciparé a ninguno a quien no vea de espalda vuelta; y cuando todos me abandonaran, más gozaría mi corazón en el sentimiento de haberles sido fiel, que sufriría el de su infidelidad.

Concluiré por confesarte que, a pesar de todo ello, me indigna más la indiferencia tuya que el odio de mis enemigos

LOS PLATOS ROTOS Y EL DEBER HONRADO:

No creas que, rotos los platos, los lazos de la amistad, no quedan ya deberes que cumplir. Quedan, precisamente, los que dependen de la honradez. A una antigua amistad se le debe respeto. Se que me trataste como un miembro cándido de una sociedad anónima, de mutuos intereses y de servicios recíprocos. Fue--sabemos-- comercio fenicio en que tu amor propio se propuso ganancias judaicas. Mas ahora, que ya no hay transacciones, ¿qué ganarías con falsedades, denuestos, calumnias, difamación?

Fíjate: Te llamo aún amigo a ti que eres un traidor. Porque es mejor amigo quien desengaña mejor. Y no creas: ahora que sé quiénes son mis leales amigos y cuáles los traidores, aún puedo dar su merecido a los unos y a los otros, contrariu sensu lo que manifestó Tarquino cuando fue lanzado al desierto, según cuenta Cicerón.

Por ende, no deshonres el santo nombre de amigo, hablando injustamente mal de mí, aún cuando tus palabras sean sinceras y desapasionadas. No seas como aquellos condenados por Alfredo de Musset:

Todo cuanto de desagradable pueda echaros en cara vuestro enemigo, nunca llegará a la mitad de lo que a vuestras espaldas murmuran de vosotros los amigos...

Acuérdate: te di, recibí, te conté mis secretos, pregunté por tus problemas, te ayudé, comí en tu casa y te convidé a comer: te di señales sinceras de amistad.

Piensas, ahora, que se nubló el tiempo: fue sólo la vista y ya veo con claridad. Indeed, debiera escribir epístolas como Séneca: Es difícil tener como amigos a todos; basta con no tenerlos como enemigos.

Pero, me importa poco su consejo. Porque aún actúo como un iracundo joven literato, desprecio olímpicamente la prudencia del sabio romano. Me enorgullezco de la airada tropa de mis enemigos y me complazco en contribuir a incrementar sus filas con infieles.

¡ÉCHAME A MÍ LA CULPA! O YO ME ACUSO

Finalmente, te recordaré que estoy inmerso en la ética. Quise despertar tu conciencia. Podrás reprocharme, como Lalo, que fui inoportuno, procaz, indiscreto, porfiado y--como dice mi queridísimo amigo Pancho Vargas, el más espléndido, virtuoso y talentoso de los amigos verdaderos de muchos--, padezco crónica y fatalmente de comunes y vulgares pecados: soy cronógrafo, cronófago y grafócrono. Sí, yo me acuso de eso, de poco seso, de mucho sexo y demás, a más, excesivamente.

Pero, así y todo, confié siempre en ti y fui honesto, auténtico y espontáneamente sincero. Si tus intereses ya no te traen al coloso de Santa Úrsula no me engañes, no seas hipócrita ni mentiroso, ni cobarde ni farandulero, comediante, histrión, fatuo, pedante y frívolo: cuando te llamé no tenías que prometerme que vendrías. Podrías, perfectamente, ¡mandarme mucho a la chinchada!

Así lo prefiero porque, odiando lo falso y dedicado a la búsqueda de la felicidad, la verdad y la justicia, nada podría detestar más en ti-- en nombre de nuestra antigua amistad-- que la forma en que deformas la palabra de honor-- ¡horror!-- y el cumplimiento de la promesa de un hombre. Resulta bochornoso que un comediante de la televisión, como mi amigo Stanley[3], mejor concepto tenga de la dignidad, la honra y la obligación de cumplir con la palabra empeñada, que un viejo maestro universitario, dizque forjado moralmente como un cuáquero.

Sí, no lo niego, como dije al principio: Estoy profundamente ofendido en mi orgullo propio. ¡No cualquiera se da el lujo de desdeñar la invitación para entrar al hogar de Lívingston! Me engañaste y no me perdonaré nunca, suficientemente, que haya insistido en reincidir, en solicitar humilde y zalameramente tu ingrata compañía. Puse demasiada fe en tan deleznable prójimo. Te aseguro que, ¡por fin!, me percaté de tu insolencia. Ahora sí, amigo, puedes descansar en paz. Adiós.

Pero decidí que nada tendría que decir, ahora, del pasado.

¡NADA DEL PASADO! Me senté otra vez en mi sillón antiguo, volví a mecerme parsimoniosamente y encendí mi pipa.

Los viejos tiempos se abalanzaron, se amotinaron, se derrumbaron sobre mí. Montones de recuerdos que nunca venían. Pero hoy, aquí, la avalancha, las oleadas, las ventiscas de viejas cosas me conmovieron.

Estaba haciendo el informe que llevé a cabo hacía dos quinquenios, durante el complejo proceso de divorcio que se llevó en sí mismo, ¡diez terriblemente desgastantes años!

Aquí escribí Yo viejo y mi Última Joven Desnuda.

Aquí se desnudó mi amiga para autoretratarse.

Aquí intuyó genialmente cómo sería yo, físicamente, a los 69 años de edad.

Digo esto porque mirándome al espejo ya SOY el retrato al que quedé condenado aquella fría noche.

Más que en las arrugas y en la calvicie y en lo blanco, la vejez está en ese funesto sentimiento de que ya es demasiado tarde, de que ya la partida se jugó y el escenario espera a nuevos actores sin esta terrible indiferencia del alma, Aquella certidumbre de que a la belleza van naturalmente unidas la inteligencia y la bondad, aquella fe en la eficacia de la razón, ¿es posible conservarla después de media centuria de tristes experiencias y decepciones?

¡Oye!, no. No me estoy poniendo trágico. No es por la escena de muerte que filmé ayer o porque hoy están dando los Óscares de la academia de Hollywood... NO.

De veras: La vida es como una película. Yo podría quedarme a ver otra vez el film... Pero el aburrimiento me hace saltar de la butaca apenas reaparecen las imágenes que he visto ya. La vida es un espectáculo continuo. Las mismas actualidades, la misma moda vuelve cada treinta años. Y yo me canso. Por eso, uno tras otro, los espectadores se levantan para salir de la función.

La vieja película mía es ésta: Ésta y todas mis casas las puse a nombre de mi mujer: mi mejor dinero, en verdad, provenía de los réditos del capital depositado en el banco hacía quince años por los sueldos caídos que tuvo que pagarme la Universidad, cuando me rescindió por estar en un viaje diplomático top secret. Mi sueldo de embajador era muy eh... shall I say?... raquítico. To say the least.

Y hacía quince años que a este lugar llegó mi yerno.

--- Señor Vaught siento muchísimo tener que decírselo pero... eh, eh, este, su hija July... bueno, ella cree que Usted no trató bien a su mamá... Yo no sé nada de eso... Yo.., yo creía que Usted se quedaría a vivir con nosotros. Ahora que se ha ido su esposa a Mérida y no es embajador en Ottawa, pero... este... la cosa es que la casa.., bueno, este, no quise decirlo... Yo se que Usted ha perdido mucho dinero en la última campaña. Le haré una buena oferta: le doy... $$$... También quisiera decir que el Presidente me debe algunos favores... y yo creo que si se lo pido tendría mucho gusto en...

¡Cuánto había soñado con esta oferta! Seguramente podía mandarme de embajador a Europa. Pero ya era demasiado tarde: Ivonne estaba en París-- casada-- porque yo no había tenido el valor civil de divorciarme... Sí, había que proteger a July y a sus hermanos; había que conservar integrada a la familia. Un divorcio me afectaría moralmente. Soy católico. Podría arruinar mi reputación; afectar, inclusive, al partido. Además, me oponía con todas mis fuerzas a desintegrar a nuestra familia sin que existiera causa alguna... ¡Por eso fue que los juzgados civiles y colegiados me dieron la razón! Subsistió el matrimonio por no existir causa alguna... Sin embargo, la Ley no puede forzar a los cónyuges a permanecer en el hogar. Mi mujer vendió nuestra casa y se marchó. ¡La nave se quemó, el matrimonio naufragó y los hijos se agarraron desesperadamente, cada cual, a su propia tablita... Sobretodo, adoraba a mis hijos, quería a mi esposa con todo el corazón... ¿Qué fue lo que sucedió? ¡¡Dios mío!!...

Y hace quince años también los estaba protegiendo: cedí los derechos de la casa para no convertirme en una carga. No quería que se avergonzaran por la triste situación de un abandonado.

<¿Qué voy a hacer si dicen que soy el abandonado... ¡Abandonado sea por el amor de Dios!...>

Diputado conservador y diplomático de carrera, caído en la desgracia.

--- Puede quedarse con la casa. Le agradezco que me haya ofrecido eso y no más. Acerca del puesto político, pues, mire Usted, Jorge, creo que me gustaría ir más a Cancún este Invierno. Tengo allí unos amigos que no he visto en mucho tiempo... De veras, no me siento con ganas de trabajar...

La vieja sirviente que había estado conmigo en todos los países en que representé a mi gobierno por casi quince años, tocó la puerta.

--- Entra María.

-- Pero, ¿POR QUÉ DOS TAZAS?

-- ¡Ay!, ¿traje dos tazas?... Es que.., la fuerza de la costumbre, señor. La costumbre de traer siempre dos tazas. para usté y la señora...

Dejé la puerta abierta.

Y mientras María colocaba sobre la mesa de mármol las flores de nochebuena, los chocolates y los pastelillos, pude ver en el pasillo a mi hija con Sherry.

-- Este es tu cuarto. Oye, acuérdate de lo que dije... Mucho cuidadito, ¿eh?

-- Gracias María.

Me dirigí a la puerta y la cerré.

No sé por qué me acordé del día en que el jefe de mi Partido me dio una fiesta para celebrar mi aniversario 65. Pronuncié un discurso en el que dije que esa ceremonia me hacía pensar en lo que sentía cuando mi nodriza me decía: "Ya es tarde. Ya es hora de irse a acostar, niño." Y protestaba; pero el sueño me invadía y sabía que el lecho sería un descanso. La muerte -- agregué -- es una nodriza afectuosa y severa; cuando llega la hora, viene a decirnos: "Niño Lívingston, es hora de irse a acostar. ¡Es hora de irse a...!,

yeah!

La reacción de mis amistades fue de ruidosa protesta. Consideraron que estaba atacando al líder obrero que apenas había cumplido 92 años de edad. Que iba con el siglo y terminaría con él porque "ya se le había pasado la hora de morirse".

Muchos creyeron que deliberadamente me había puesto fúnebre y flamenco para joderlo. Yo era un bebito balbuciante a su lado... ¡No era para tanto! Tenía casi una tercera parte menos de su edad...

Contemplé las dos rojas tazas de chocolate. Me tomé sorbo a sorbo la mitad de una. Me dio mucha sed. Pero me sentí más calientito. Teté tenía razón. Un chocolate espeso es mejor que una copa de cognac.

Y el corazón, como el cuerpo, tiene necesidad de calor. No estoy tratando de hacer sentimientos con propósitos deliberados... Pero si los viejos no son ridículos más que cuando se enamoran y olvidan que son viejos y feos...

Las atenciones, las ternuras, el afecto no tienen edad... No hay desacuerdo sexual; en mí no existe... Le doy a Corina más cariño y sexo que cualquier mozalbete de su edad da a su novia...

Yo quisiera recordarle uno de esos ríos que siendo torrentes impetuosos, peligrosos y saltarines en las proximidades de su fuente, se convierten cuando llegan a las cercanías del estuario en lagos apacibles que reflejan los pinos; en bellas riveras lentas y límpidas en cuyo lecho, en cuyo espejo anchísimo, se contemplan también los árboles y la noche...

Me estaba asomando a la laguna y recordaba aquellos tiempos en que me la pasaba en traje de baño, escribiendo en el jardín. Y, a cada instante entraba a besar. abrazar y a platicar de mis imaginarias aventuras a la chiquitita que me acompañara... volvía, entonces a la escritura cargado en energía y buenas ideas. Algunas veces esa chiquititita era mi esposa. Aún la quiero. La he perdonado. ¡Como dice mi primo Dubost, simplemente está tan loca como cualquier mujer!

Creo ahora que actuó conforme a su tradición árabe: defendió lo más sacro del futuro de sus hijos: money! No me vio ningún futuro económico. Era un simple profesorcete, un político fracasado, un joven abuelo que nunca tendría herencia porque mi padre me sobrevivió lo suficiente y aunque no legó su rica biblioteca a la nación antes que a alguien que nunca demostró ningún interés por el negocio de librero anticuario o, ¡punto!, por negocio alguno, no obstante su título universitario y rimbombante de Maestría en Administración, mi querido padre sí murió intestado y permitió así que mi hermano se apoderara paulatinamente de los libros más raros, antiguos y caros, de modo astuto, subrepticio y deshonesto, despojándome de mi patrimonio y enriqueciéndose ilícitamente con su indiscriminada venta.

Manifesté, al pie de su fosa que los que viven no deben estar en guerra con los muertos. Quien se fue no olvidará que mi hermano no cumplió nuestras esperanzas en una tenebrosa realidad. Pues, entonces oyó, ¿lo oyes?, que prometimos solemnemente a nuestro Padre, al pie de su ilustre tumba y lo proclamé ante quienes lo despidieron, a nombre propio y de mis hermanos:

"Te lo cumpliremos, lo juramos en bien de la cultura en México y del mundo. Tu Biblioteca será pública y estará consagrada a los estudiosos de la Historia de México."

Lloremos..,

no hay Biblioteca ni institución que lleve su nombre porque mi hermano vende los libros al mejor postor.

Sí, Jorge Denegre-Vaught, bueno, bondadoso y cariñoso, suave padre, hombre de bien, quien renunció a la mentira, la falsedad, la maldad, la hipocresía y la deshonestidad, ¿perdonará, liberará de su inmensa deuda con él y con su conciencia, a mi hermano? No por eso, sino por mucho más, Dios lo perdonó de los pocos pecados que cometió debido a su única flaqueza: amó demasiado a muchas a quienes aceptó con todas sus debilidades. Correspondió amorosamente a aquellos que le admiraron y profundamente reconocieron su buen humor, delicada ternura, largueza, generosidad e hidalguía.

Y llorando me acordé de aquél

Sábado 28 de febrero de 1998, en que lo enterramos tras esa promesa inserta en la oración fúnebre.

¡Nunca me olvidaré de la gentileza ternura y rara manera de jamás decir ¡¡NO!!, de sonreír a todos por todo!!, mientras me obsequiaba cotidianamente esa dulce inquietud ardiente, tierna, gentil, rara y sonriente de hacer el amor, románica pero furiosamente sexual, al tiempo que resonaba en mi espíritu una canción de Manzanero, una golondrina sobre el mar calmo, una baja guitarra y una voz sensual, una caricia elegante y una eterna amistad..l.

-- Sí, éramos jóvenes. Te digo, Thereisein, empero, que el amor del viejo puede ser tan impresionante, tan sincero como el de los zagales bisoños. El amor del viejo puede ser tan verde como el de los inmaduros mozalbetes que fuimos. ¡¡No me gustaría que me llamaras raboverde.

"Puedes llamar a mi último matrimonio VERDINEGRA AVENTURA ERÓTICA Y HEROICA DEL VIEJO EMBAJADOR Y AÚN PLENIPOTENCIARIO, instead, porque sí, sí estoy en plena potencia y facultades fisiológicas, ¡aunque lo dudes!"

-- Quizás... Hummmmm! Sí, estoy seguro de que el amor del viejo puede ser sincero como el que compartimos por dos décadas, my dear, todavía te ofrezco la pureza de la amistad y la inquietud ardiente y tierna y eterna del amor...

Y Thereza, no olvides que estoy en default: el papel de las mujeres es el de despertar con su coquetería las ilusiones de los viejos y el de conducirles dulcemente a la muerte entre los ingenuos cuidados de la adolescencia. Así me está arrastrando, con suavidad, mi nueva mujer, CORINA.

Y Thereza -- que había entrado brevemente para certificar que todo estaba bien--, se levantó como movida por un resorte.

De reojo, percibí su indignada mirada y me estremecí, porque me recordó la ilustración que me dio José Luis Cuevas para este mismo cuento. ¿¿La realidad es copia fiel del original de Cuevas!! Salió armada con una falsa risita (jejé) y discretamente cerró la puerta.

Me acababa de preguntar por la que fue mi mujer hasta hace unos días, Pilar. Se refirió a ella, como "tu querida". Acosada, gritaba con orgullo, insolencia y enojo impotente, cuando pretendía que aceptara a mi familia para convivir todos juntos en paz. No podía permitirse reconocer que me había casado por lo civil y por la Iglesia con quien viví, no más hasta ayer, ¡veinticuatro azarosos años!

No comprende que no todo es amor entre un hombre y una mujer... Esa adhesión que experimento por mi hijo Yulian..

.

Hay algo delicioso en ver cómo recorre a su vez el camino de la vida. Disfruto con su dicha, padezco sus sufrimientos. Sus pasos dificultosos o su deficiencia en el habla me preocupaban hondamente... (a pesar de que mi exmujer disipaba mi preocupación exagerada, recordándome que tenía pocos años). En efecto, ahora habla con una prosodia y elegancia admirables.

En la contemplación de mi Alice in Wonderland vuelvo a encontrar la ligereza y la disponibilidad de los efebos... Estoy presenciando el surgimiento de una escritora brillante, genial.

Y quisiera indicarles algunos preceptos que los reconforten. Sencillos y eficaces.

Todo llega… Todo se olvida… Todo se arregla… Nadie comprende nada de nada.

Si todo el mundo supiera lo que todo el mundo dice de todo el mundo, nadie hablaría con nadie. Y si uno llegare a conocer las calumnias, difamaciones, rumores y falsedades que alguien dice de uno mismo, habrá que aprender a disimular que nos enteramos y… ¡olvidarnos!