viernes, 28 de enero de 2011

SÓLO ME ARREPIENTO DE NO HABER SERVIDO MEJOR A MI PADRE QUE ES MI PATRIA




viernes 28 de enero de 2011

EPÍSTOLA POST MORTEM A MI PADRE: DON JORGE DENEGRE VAUGHT PEÑA





yo, livingston ,hoy.sábado 22 de enero de 2011



PIDO PERDÓN PERO NO ME ARREPIENTO DE NADA!

Habrán oído que estoy buscando la cuarta. ME FALLARON LOS PLANES CON MI CUBANA DEL ALMA, DE MI ESTIRPE, DE MI FAMILIA Y DE MI CORAZÓN, ïndira erendira pero no me arrepiento de nada. Y es que soy ya tan viejo que no me alcanzaría el tiempo para perdonarme a mí mismo tantas torpezas y arrepentirrme al estilo de los profetas bíblicos. ¡NO!!



Y aunque se ha muerto ya tanta gente a la que he ofendido

y nunca pude pedirles perdón, aunque ganas tenía,

no tengo más remedio que empezar por ustedes que me sobrevivirán.



Nunca es demasiado tarde para tan importante tarea,

de suerte que en vez de arrodillarme ante mi amiga epistolar

para pedirle perdón a nombre de mis tres mujeres

y buscar a cada uno de mis trece hijos

voy derecha a ellas con esta epístola.




Yo no he sido bueno

y quisiera haber sido mejor.

Como dice Khayyam Él ya sabía, sabía

desde el principio de los tiempos que el barro

conque me moldeó era demasiado frágil e impuro.


Por tanto no sé cómo podrá condenarme...


Pero sí sé por qué me tienen que aborrecer mis tres esposas,

mis trece hijos y tantos que ya han muerto

y se salvaron de esta humilde solicitud de su perdón.




Por ejemplo, he escrito sobre ellas en mis novelas-- aunque en críptico estilo, sin identificarlas plenamente-- y ellas que saben que me refiero a verdaderos hechos, no me lo perdonan.

http://www.youtube.com/watch?v=GBND0WtKOVc



Hago una convocatoria para que alcen la voz aquellos a los que tengo que pedir perdón.

Se que son innumerables pero como con el paso y el peso de los años

he perdido la cuenta y ya no recuerdo bien, tampoco, cómo los ofendí,

con qué palabras los mandé al diablo, RUEGO vengan a mí con su lista larga de agravios.







Mas, le pido al creador que nunca se me olvide

la última palabra que quisiera emitir al morir:

¡perdón! Y por eso canto esa maravillosa canción

que va "Perdón vida de mi vida".




Veo desde lo alto de estos años,

desde la vejez, desde la veraz y verdinegra última aventura erótica

de Yo, viejo ante mi última joven desnuda,que todo ha sido un juego: el hacha, el veneno, la maldición,

la lágrima y el despilfarro de las heridas.


Hemos jugado al nacimiento y a la muerte,

al escondite, al soplo y la llama,

AL AMOR Y AL OLVIDO



Jugamos al juramento del amor eterno,

al niño obediente y bueno y respetuoso de sus padres,

y al cabrón muchachuelo que se alza contra ti

con vehemencia y denuedo, con rencor y reclamos de justicia:

¿para qué me trajiste al mundo si yo no fui consultado?



Y entonces me percato que no todo ha sido juego

del me ves y no me ves en estas páginas de internet.

No. Yo he sido el que clamó la mea máxima culpa,

yo el culpable de no haber servido ni como esposo, ni como padre,

ni como amante ni como un carajo.


Me llamo Piedra Viviente y no he sido piedra de nada:

no he sido la piedra angular de la familia,

ni piedra de este hermoso jardìn,

ni piedra de un palacio,de Bellas Artes,

ni piedra de escándalo con malas artes,

ni piedra de una iglesia ni del Carmen ni de Xochuitepec.






Así es que yo, después de casi los ochenta años de mi padre.

al llegar al umbral de la muerte, sé que no he servido para nada,

y que siendo piedra no más de nombre, al dejar de ser hombre,

acaso sirva ahora para lanzar la piedra aventurera,

al mito del Yo, Lívingston, y con esa afilada, dura y ligera piedrita

dé con mi honda, como si fuera David mi hijo y David mi ancestro,

en la frente de ese efímero Goliat para que caiga, y derrumbado

el orgullo y la vanidad, pueda este anciano pedirte PERDÓN

a sabiendas de que te he ofendido, y yo también

cumpla con el mandamiento divino de perdonar a todos ustedes y hasta Dios.

Adiós.


Espérenme en el CARMEN, Patricia, hija del Padre Nuestro y María de Guadalupe, hija de mi Santa Madre...

Aún llevan lirios y rosas las bienamadas al gladiador que sí se va a morir.

Mientras, ¡vete al grano!!

http://www.paginasprodigy.com/7773851733/yoviejo.htm




en


¡¡AL GRANO!!:

ESTRENO MUNDIAL: ¡OBRA INÉDITA!

Prólogo del Académico de la Lengua, José Rogelio Álvarez



Veraz y verdinegra aventura

erótica del viejo embajador




Mi Última Joven Desnuda



Oración al padre



Los que viven no deben estar en guerra con los muertos. Quien se va pagó todas sus deudas. ¿Creen ustedes que nosotros tendremos con don Jorge algunas pendientes?...


HASTA AHORA HE TENIDO---¿quièn lo diría?--- el obstáculo mayor en mi propio hermano JORGE RAMIRO, que se ha apoderadode todos tus bienes de unmodo ruin, artero y tricionero.




Se ha despachado con la cuchara grande porque todo lo quiere para sí mismo y a cuanta gente se le ha atravesado en su loco camino la ha despachado al otro mundo: Gerardo, Alberto, Marisol...

Mi hermanito ha enloquecido. Sigue a ojos cerrados a su mujer, envidiosa, altanera, frustrada maestrilla de escuela primaria que pretende despojarme de todo: la parte que me corresponde de la masa hereditaria, mi renombre de investigador y de literato y de mi trabajo en pro de las causas paternas.


Haré un esfuerzo, y con la ley en la mano, yo veré cómo cumplo con ese deseo.


Lo primero será que lleguen los libros de CAMPECHE A SU DESTINO.












Cumpliré nuestras esperanzas cabalmente en la realidad.


Por eso hoy, ¿lo oyes?, te prometo solemnemente, Padre, al pie de esta ilustre tumba. Te lo cumpliré, lo juro en bien de la cultura en México y en el mundo: Tu Biblioteca será pública y estará consagrada a los estudiosos de la Historia de México.




Oremos..,

con esta oración clásica de un santo que desde hace siglos expresó lo que todos quisiéramos llegar a ser para dejar de padecer:

Señor,

Hazme como hiciste a Don Jorge, conductor de tu Paz:
Para que allí donde haya odio pueda haber amor;
Para que allí donde haya el mal pueda llevar el espíritu del perdón;
Para que allí donde haya discordia, pueda llevar la armonía.


Para que donde haya error, pueda llevar la Verdad,
Para que donde haya la duda pueda llevar la Fe,
Para que donde haya desconsuelo pueda llevar la Esperanza,
Para que donde haya tristeza pueda llevar el optimismo y la Alegría.

Como siempre hizo mi padre, Señor, concédeme que yo pueda pedir y no recibir y no ser consolado;
Comprender y no ser comprendido;
Amar y no ser amado.




Porque, amigos, para encontrarse, hoy sé que hay que olvidarse de sí mismo.
Eso hizo nuestro padre, Don Jorge Denegre-Vaught: nunca pensó en sí mismo y esto es lo primero que nos enseñó:
“Olvídate de qué piensas, crees o quieras y piensa en los demás para darles lo que necesitan”.


Sí, ya dije: Ayer le pedí perdón a mi padre por todo lo que le hice sufrir.
Don Jorge lloró y dijo su última palabra: “¡Bueno!”

¡Con un enorme esfuerzo, falleció en sus lastimados labios el vocablo al que dio por postrera vez vida, palabra que lo describe eternamente: ¡Bueno!

domingo 2 de enero de 2011



JORGE DENEGRE POR ÉL MISMO:

Dijo mi papá en el homenaje que le rindió el CONSEJO NACIONAL PARA LA CULTURA Y LAS ARTES y el CENTRO CULTURAL DE LA SECRETARÍA DE HACIENDA, en uno de los actos conmemorativos del 450 Aniversario de la introducción de la imprenta en nuestro país—por ende del nacimiento maravilloso del libro de manos del fabuloso editor Juan Pablos—que desde niño amó el libro.


Y gracias a este amor, construyó un verdadero emporio para bibliófilos y nos dejó su bibloioteca que será para toda la nación..





Mañana le cuento más...











miércoles, 26 de enero de 2011

LA ÚLTIMA PALABRA


Llevo en mi conciencia muchas piedras. Con algunas ya he dado pedradas. Lívingston es Piedra Viva y he dicho que más vale decir la verdad al desnudo--tirar la piedra, sin esconder la mano--que lanzarse a una refriega física. Las palabras, dicen, se las lleva el viento. Pero hay muchas puntas de lanza o de flechas certeras que, dando en el blanco, hieren en lo más hondo. A esas gentes zaheridas no les es fácil olvidar; mucho menos perdonar. Han dejado de estar cerca de mí.
Sigo lanzando pedradas y alcanzo a ver su parábola con enorme curiosidad. Pero, no construyo parábolas, porque no se lo merecen.
Tengo piedras inglesas, francesas, canadienses, norteamericanas, yucatecas, campechanas, mexicanas, en fin. De serranías, de valles, de islas, de penínsulas, de río. De repente están muy pulidas y parecen diamantes. Pero otras parecen arrancadas de las laderas del Popocatepetl. Esos bólidos volcánicos tienen la luz de la verdad y, ¡Cómo hieren!
Hay piedras de fuego que carga mi pasión y piedras de obsidiana, sacadas de las pirámides de Xochicalco. Me acusan de usar palabras-pedradas cínicas, sarcásticas Pero otros piensan que son ecológicas, eucológicas, blancas como una bola de nieve, nazarenas, recogidas de templos arruinados Y otras que llevo al cuello, en una cruz de ónix. Y tengo otra cruz negra como el azabache Sin adornos la cruz, sencilla y desnuda como la de Jesús. Con ellas elevo plegarias y pido perdón. Son piedras del cementerio cercanas a las tumbas. Y estas piedrillas son como el silencio que se pide por el muerto, aunque dure un minuto. A penny for your thoughts! Un centavito por tus lágrimas que dices son de cristal, Gema.



Estoy viejo, aunque me sienta joven y pujante y haga todo con una enjundia admirable.pero mido mi ancianidad por el número de gentes que se han muerto a mi derredor. Gente que ofendí, que le di de pedradas con palabras zahirientes. Hay mujeres que piensan que estoy muerto porque las agravié intentando inmortalizarlas cometiendo su actos pérfidos, traicioneros y lujuriosos. Tienen razón merezco estar vivo porque rememoré sus desafíos a la lealtad, fidelidad y moralidad.

Tengo que pedirles perdón porque me erigí en juz siendo parte. Y esos actos de imprudencia, indiscreción y crueldad convertidos en discursos libidinosos ya los olvidé. Y lo único que sé es que tengo que pedirles perdón y que será este vocablo el último que hable, mi última palabra llegado el momento de morir.
Para que me perdonden tiene que comprender que arrojé esas pedrapalabras en momentos de angustia, de desesperación y de gran desamparo, como un abandonado arrojado de sus brazos sin amor ni piedad.


Hoy, muchos años después de mi tórrida juventud, veo las cosas como son, serenamente, desde el blanco de mis escasos cabellos, la cabeza erguida ya enfriada por ventiscas invernales y apaciguado mi ánimo guerrero. Y veo que todo es mentira: las heridas, las adúlteras, los gemidos, las risas y lágrimas y las cogidas, las muertes chiquitas y los orgasmos orgiásticos. Todo ha sido una representación de mentirijillas; hemos jugado a la fidelidad hasta la muerte y al amor eterno. Jugamos al. escondite siendo juguetes del destino implacable y lo diré en palabras recogidas por aquel cantor que evocaba a León Felipe: no he servido para nada, ni para ser ni piedra de una lonja, ni piedra de una audiencia, ni piedra de un palacio ni piedra de una iglesia.
Yo, Líving stone veo tras setenta y cinco años que no sirvo ni para hacer justicia, ni para que me quieran mujeres, hijos y amigos y quizás, no más, sirva para tirar piedritas, guijarros, pedernalitos, piedrillas aventureras y con tan mala puntería siquiera de no darle en la frente al tirano, pues tiembla mi mano... Tienen razón: La Pidra Viva está ya muerta. Gracias por prevenirme.

jueves, 6 de enero de 2011

ROSARIO PRESENTA A LÍVINGSTON




Rosario Castellanos



INTRODUCCION

EN EL PANORAMA de la literatura mexicana contemporánea –en el que parece haber una sola tendencia: la de la ruptura con lo establecido, aunque las manifestaciones sean diferentes entre si y aun contradictorias – hay que colocar el nombre y el libro de quien no tiene ninguno de los signos del recién venido sino que ostenta el aplomo del profesional: Livingston Denegre Vaught, autor del Tríptico Erótico.
En sus páginas torrenciales en las que el ímpetu arrastra materias diversas (las preocupaciones sociales, características de nuestra época, el examen irónico de las dogmas que se consideraban intangibles, la experimentación de nuevas técnicas expresivas y el uso de un instrumental múltiple que da al texto una forma de manifestarse que se aparta de lo convencional) la corriente continua, el meollo parece estar constituido por el sexo.


Pornografía, condenaran los moralistas; obsesión, diagnosticaran los críticos literarios. Puede ser todo esto, haya una tentativa desesperada de captar lo esencial de un acto que, hasta hace algunas décadas, no era licito nombrar.
La verdad, desnuda. Lo primero que es preciso hacer para que entre la verdad y el sexo se produzca una aproximación es despojar a este de la fermosa cobertura que lo ha ocultado por siglos: sexo y amor y reproducción de la especie, sexo y matrimonio, sexo y neurosis, sexo y aberraciones.


Aislado de las ideas sentimentales, biológicas, sociales y éticas de evoca, la palabra sexo queda reducida a lo que originalmente designa: un fenómeno de la fisiología en su estado puro. ¿Y hay algo más difícil de enunciar, más resistente a convertirse en sustancia literaria que una función del organismo-físico humano?
Por eso se hace imprescindible el asedio y denegre vaught utiliza una táctica de ataque sorpresivo y desde todos los ángulos posibles: la exactitud del lenguaje, por ejemplo.

Sí, renuncia a las metáforas para llamar a cada parte del cuerpo y a cada movimiento con su nombre propio: coloquial, técnico, esotérico. Reitera, una y otra vez, la narración de experiencias sin más variantes que las de lugar y protagonistas, con un afán constante que podría ser característica, la repetición que quizá es definitiva.
Paraliza el dinamismo de las acciones en la fotografía para que el objeto se vuelva contemplable y no se conforma con recoger, del trance sexual el gemido inarticulado del deseo, la exclamación paroxística o el suspiro de la saciedad sino que interroga: ¿por qué? ¿cómo? ¿cuándo? ¿cuánto?. Obliga a sus interlocutores a hacer un esfuerzo por formular en palabras lo que han vivido en sus “antros mundos”
¿Pero por qué elegir, si no se trata más que de un proceso del funcionamiento del cuerpo, el sexual, y no otros que, en este nivel, si no son importantes sí son, al menos, más frecuentes? Comer o respirar, por ejemplo. Porque el sexo, como todas las necesidades, nos relaciona con un satisfactor que está fuera de nosotros. Y este satisfactor es –aunque no exclusivamente - humano.
El vinculo que se establece entre dos criaturas igualmente menesterosas de contacto y de placer resulta entonces susceptible de adquirir un sentido. Es por este sentido por el que inquiere Denegre Vaught y no se contenta con las respuestas prefabricadas, con las frases hechas.la aspereza con las que las rechaza son una evidencia más de la autenticidad de su búsqueda. Que no culmina en este libro, que lo llevara a otro, y a otro, a la obra que se espera del escritor que es.
Los augurios son buenos. Lo que es preciso desear es que el dominio del oficio, que vaya alcanzando, la lucidez que vaya adquiriendo y el prestigio que vaya premiándolo, no mengüen su vigor, su espontaneidad ni su pasión.

ROSARIO CASTELLANOS.

ROSARIO CASTELLANOS introduce Tríptico Erótico



INTRODUCCION al TRÍPTICO ERÓTICO
por
Rosario Castellanos

EN EL PANORAMA de la literatura mexicana contemporánea –en el que parece haber una sola tendencia: la de la ruptura con lo establecido, aunque las manifestaciones sean diferentes entre si y aun contradictorias – hay que colocar el nombre y el libro de quien no tiene ninguno de los signos del recién venido sino que ostenta el aplomo del profesional: Livingston Denegre Vaught, autor del Tríptico Erótico.


En sus páginas torrenciales en las que el ímpetu arrastra materias diversas (las preocupaciones sociales, características de nuestra época, el examen irónico de las dogmas que se consideraban intangibles, la experimentación de nuevas técnicas expresivas y el uso de un instrumental múltiple que da al texto una forma de manifestarse que se aparta de lo convencional) la corriente continua, el meollo parece estar constituido por el sexo.


Pornografía, condenaran los moralistas; obsesión, diagnosticaran los críticos literarios. Puede ser todo esto, haya una tentativa desesperada de captar lo esencial de un acto que, hasta hace algunas décadas, no era licito nombrar.
La verdad, desnuda. Lo primero que es preciso hacer para que entre la verdad y el sexo se produzca una aproximación es despojar a este de la fermosa cobertura que lo ha ocultado por siglos: sexo y amor y reproducción de la especie, sexo y matrimonio, sexo y neurosis, sexo y aberraciones.
Aislado de las ideas sentimentales, biológicas, sociales y éticas de evoca, la palabra sexo queda reducida a lo que originalmente designa: un fenómeno de la fisiología en su estado puro. ¿Y hay algo más difícil de enunciar, más resistente a convertirse en sustancia literaria que una función del organismo-físico humano?
Por eso se hace imprescindible el asedio y denegre vaught utiliza una táctica de ataque sorpresivo y desde todos los ángulos posibles: la exactitud del lenguaje, por ejemplo. Sí, renuncia a las metáforas para llamar a cada parte del cuerpo y a cada movimiento con su nombre propio: coloquial, técnico, esotérico. Reitera, una y otra vez, la narración de experiencias sin más variantes que las de lugar y protagonistas, con un afán constante que podría ser característica, la repetición que quizá es definitiva.


Paraliza el dinamismo de las acciones en la fotografía para que el objeto se vuelva contemplable y no se conforma con recoger, del trance sexual el gemido inarticulado del deseo, la exclamación paroxística o el suspiro de la saciedad sino que interroga: ¿por qué? ¿cómo? ¿cuándo? ¿cuánto?. Obliga a sus interlocutores a hacer un esfuerzo por formular en palabras lo que han vivido en sus “antros mundos”
¿Pero por qué elegir, si no se trata más que de un proceso del funcionamiento del cuerpo, el sexual, y no otros que, en este nivel, si no son importantes sí son, al menos, más frecuentes? Comer o respirar, por ejemplo. Porque el sexo, como todas las necesidades, nos relaciona con un satisfactor que está fuera de nosotros. Y este satisfactor es –aunque no exclusivamente - humano.
El vinculo que se establece entre dos criaturas igualmente menesterosas de contacto y de placer resulta entonces susceptible de adquirir un sentido. Es por este sentido por el que inquiere Denegre Vaught y no se contenta con las respuestas prefabricadas, con las frases hechas.la aspereza con las que las rechaza son una evidencia más de la autenticidad de su búsqueda. Que no culmina en este libro, que lo llevara a otro, y a otro, a la obra que se espera del escritor que es.
Los augurios son buenos. Lo que es preciso desear es que el dominio del oficio, que vaya alcanzando, la lucidez que vaya adquiriendo y el prestigio que vaya premiándolo, no mengüen su vigor, su espontaneidad ni su pasión.

ROSARIO CASTELLANOS.

SIGUEN MURIENDO AMIGOS, ENEMIGOS Y OFENDIDOS POR MÍ: PEERDOOÓNENMME, DESDE ULTRATUMBA






ORACIÓN FÚNEBRE PRONUNCIADA POR

LÍVINGSTON A LA MUERTE DE SU PADRE


LA MUERTE está en todas partes.

Por una favor insigne de Dios, si cualquiera puede arrancarle al hombre la vida, ninguno puede arrebatarle de las garras de la muerte. Semejantemente lo escribió en latín Séneca, el más sabio de los clásicos, en su Libro de Oro.



Por eso, padre, fracasamos en nuestro desesperado intento de retenerte entre nosotros.




Di el mes pasado mi pesaroso pésame a una inolvidable mujer árabe. Tú la quisiste mucho y te agradó sobremanera su visita en tu último día en tu lecho mortuorio.



Recuerdo que en la ocasión de la muerte de su madre le escribí lo siguiente en un e-mail enviado indirectamente a un usuario de su red:






La muerte es un camello negro que se arrodilla ante la puerta de todas las casas.

Quienes nos hallamos en el desierto de la vida requerimos de algún dromedario para cruzarlo con parsimonia y llegar ansiosamente al Oasis, sedientos de las fuentes paradisíacas de felicidad final que nos darán la eterna calma.


Nos quedamos en este erial para lograr que perdure su memoria en quienes lo rodeamos con amor. Vivirá perennemente en la Biblioteca que lleva su nombre en el corazón de Campeche frente a la catedral y el mar. No es morir vivir en los libros que deja fuente de sabiduría para los sedientos del conocimiento del pasado de su tierra. Atrás estamos quienes nos afanamos en propagar su obra. Adelante está el cielo azul sobre un mañana inmenso con el intenso sol de Campeche refulgiendo sobre el Palacio del Libro. Nos da alegría que lleve su nombre para siempre.



Lo que aconteció solamente una vez, ayer veintisiete de febrero de 1998, no puede ser motivo de pena. ¿Qué razón hubo para temer tanto tiempo lo que tan poco duró? Para él, quien cumplió con sus deberes naturales, morales, culturales y patrióticos, la muerte fue tan natural y ¡¡Bienvenida como el sueño!! La verdad es que la paz, el descanso y el sueño perenne es todo lo que sabemos de la muerte. Pero es todo lo que a Dios podemos pedirle. También sé que morir no es acabarse: es renacer a otra vida para purificarse y donar al Universo su excelsa esencia. Por eso Denegre se fue en el camello negro, pues no hizo más que adelantarse en el camino para el nacimiento de su eternidad.

La muerte no ha sido más que una puerta vieja que se ha abierto a un precioso jardín con una fuente colonial donde manan los pensamientos de los patriotas peninsulares que don Jorge recolectó, sembró con amor y estudió en su enorme y rica biblioteca, que siempre atendió con sus propias manos y que pronto estará en el centro de su amado terruño, por su última voluntad, para que lo disfruten sus compatriotas. Allí están sus frutos, en ese vergel de pensamientos, donde la estatua del sabio feliz dará la bienvenida a los estudiosos de la Historia Maya, Peninsular y Mexicana. ¡Salud espiritual eterna para el hombre honesto, generoso y bueno que conocimos y generaciones de compatriotas aún no nacidos, conocerán en la plaza principal de Campeche! : JORGE DENEGRE-VAUGHT PEÑA.



AMIGOS:


Las palabras sinceras no son elegantes.





Yo les aseguro que entre estos hijos y su padre no habrá nunca un muro inmensamente grueso y demasiado alto que no libremos para estar cariñosamente a su lado más pronto de lo que se pueda imaginar.


La muerte no puede separarnos.



Sin embargo, desde lejos, desde la miseria, vengo a decir con franqueza una simpleza: que yo sé que he tenido un padre, ¡qué padre! … ¡Tan padre, que siempre me ha dolido que mis hijos no puedan decir lo mismo del suyo!

Por eso, apenas ayer, a la hora de su muerte le prometí hacer la paz con todos para que él descanse en paz. Es la hora de convivir entre moralistas y pecadores, reformistas y medradores, madreadores y benefactores, dejando a cada cual hacer lo suyo. Todo sea para que yazcamos en promiscua tranquilidad perdonando a los soberbios, los ambiciosos, codiciosos, oportunistas, aprovechados, ventajistas y usureros, en fin, dejando el quique suum tribuere, el dar a cada cual lo suyo, al Supremo Juzgador. Todo, como predicaba mi padre, para que dejen a uno hacer su obra.



Repaso, ahora, su enseñanza de bondad y armonía. La vida de mi padre es para nosotros una larga lección de humildad.



Tal vez en su llaneza se escondían los regocijos de sus triunfos de persuasión y convencimiento a sus clientes que le traían más satisfacciones que ventajas. Jamás trató mal a nadie. Erudito, no intentó corregir los errores de quienes le visitaron o presumir de sus grandes conocimientos. Se acomodó al presupuesto de quien deseaba un libro para su estudio porque lo importante no fue para él el dinero sino la transmisión del medio de sabiduría a quien lo anhelaba. Por eso lo respetaban y querían.



Reconocí hace mucho que esa humildad era inimitable porque pare él era fácil, pues había llevado a cabo muchas cosas notables, nosotros hemos hecho, comparativamente, poco.


Esa, paradójicamente, extraordinaria humildad la heredó de su adorada madre ante cuyo altar hizo todos sus grandes sacrificios. La luz de nuestra abuelita lo guió e iluminó desde lo alto y resplandeció en su íntima soledad, en sus horas de sombra y de hondas penas.



Hoy se une a ella. Estoy cierto que nuestro padre está feliz de reunirse con su madre, la nuestra, y con su esposa, que reposa aquí mismo a su lado, Julia María del Carmen: los IRIS IRIDISCENTES DE LOS OJOS VERDES DE LA NIÑA DE LA ISLA DEL CARMEN, hoy fulguran. Hoy están de plácemes dos grandes mujeres porque se les une su amado Jorgito, por fin, tras muchas penalidades en este valle de lágrimas que abate.


No obstante, Hombre eminentemente Modesto, mi padre prestó suavidad y encanto a la vida. Nunca PENSÓ DON Jorge en lo mucho que poseyó en este mundo y que hoy deja a México, su patria, nación a la que consagró todos sus esfuerzos.



Admitamos que lo tuvo todo aquí en la Tierra.

Empero, muchas veces nos indignamos porque lo vimos ofendido y humillado. Nosotros sabíamos que nuestro padre jamás rebajó a nadie. Pero él acalló nuestras protestas. Nos dijo que veíamos “moros con tranchetes”. No se sintió agraviado por quienes consideró sus amigos a quienes dispensó amabilidad, gentileza y dulzura.

Y, en verdad, conmovió a los soberbios.

Cuando lo comparo con los muchos hombres doctos, ricos y muy inteligentes conque convivió, entre ellos algunos hombres fatuos que, por desgracia, encontró por doquiera, siento que tuvieron que descender desde su estrato para postrarse ante su espléndida sencillez.

Muchas veces lo vi dar las gracias cuando se le negó algo, llegando así al fin
de lo que pretendía, con simpatía, porque nunca se sintió ofendido por una repulsa. Por eso, entre los encumbrados, jamás resplandeció su pesadumbre ni ostentó esa dorada tristeza que pareció, en los últimos días, envolverlo de vez en cuando. Por vez primera en su estoica vida lo vimos llorar. Ahora comprendo que lloró porque le dolía dejarnos atrás en este triste mundo.


Su humildad lo llevó a transigir con las mentiras mientras renunciaba a que prevaleciera su verdad. Juarista, no importunó a los conservadores al patricio de la Reforma y coincidió con ellos en el mutuo amor por la patria, sin estériles disputas y sin renunciar a sus hondas convicciones. Su vida humilde, en medio del infatigable trabajo de librero anticuario, historiador, bibliógrafo y editor ha sido una labor fructífera que reboza de amor. Y, además, de fino sentido del humorismo y de la alegría de vivir que en él fue más una facultad del corazón que del espíritu.




Nacía, esencialmente, su buen humor de la fina sensibilidad de un hombre generoso, de una simpatía cálida y tierna hacia todos los hombres y mujeres y todas las formas de la existencia. Si no hubiera conservado toda su vida ese humorismo franco no sería don Jorge el espíritu perfectamente conformado que es hoy en su más pura esencia.


Por eso, lamento tener que decir que estuve a su lado, temprano, en su despedida de la vida a la edad de ochenta y un años, AQUEL 27 DE FEBRERO DE 1998. hoy hace 13 años.



Decía Gustavo Le Bon que las ideas envejecen más pronto que las palabras. Lo que dijiste hace 13 años lo pondré en marcha hoy.

Termino así: Las ideas que nos inculcó mi padre están jóvenes en pleno Renacimiento, en su hijo Lívingston, mientras estas palabras caducan tan pronto como acaban de escucharla gentes tan ramplonas como su hijo menor que ha traicionado ese legado para apoderarse de todos sus bienes en beneficio de gente sin principios, ignorantes y estúpidos.

Mi padre prevalecerá por siempre, entre nosotros, porque tuvo grandes pensamientos y mejores acciones. Se gozó en ellas, se ocupó con ellas, por su gran afición bibliófila y tuvo innumerables recompensas porque ha tenido el mérito de compartirlas. Evoco sus ideas que fecundaron porque las ha alumbrado con su generoso corazón. Las sentimos con vehemencia, creaciones de su indomable voluntad, ofrenda de su pasión, las recojo amorosamente y propagaré desde su EDITORIAL ACADEMIA LITERARIA, de OBRAS HISTÓRICAS MEXICANAS, en el seno de la perennemente creciente Biblioteca Jorge Denegre-Vaught Peña.

Los que viven no deben estar en guerra con los muertos. Quien se va pagó todas sus deudas. ¿Creen ustedes que nosotros tendremos con don Jorge algunas pendientes?...

NO: CumplirÉ nuestras esperanzas cabalmente en la realidad.

miércoles, 5 de enero de 2011



LA MUERTE está en todas partes.
Por una favor insigne de Dios, si cualquiera puede arrancarle al hombre la vida, ninguno puede arrebatarle de las garras de la muerte. Semejantemente lo escribió en latín Séneca, el más sabio de los clásicos, en su Libro de Oro.
Di el mes pasado mi pesaroso pésame a una inolvidable mujer árabe. Tú la quisiste mucho y te agradó sobremanera su visita en tu último día en tu lecho mortuorio. Esa mujer fue mi esposa poco más de 20 años
Y aunque le acabo de enviar un mensaje pidiéndole perdón por haber hecho del divorcio un largo período legal de casi once años, y la sentencia final fue que quedábamos casado, ante la petición de mi hijo le concedí el divorcio, casi 20 años después de iniciado el juicio.


Recuerdo que en la ocasión de la muerte de su madre le escribí lo siguiente en une-mail enviado indirectamente a un usuario de su red:


La muerte es un camello negro que se arrodilla ante la puerta de todas las casas.

Quienes nos hallamos en el desierto de la vida requerimos de algún dromedario para cruzarlo con parsimonia y llegar ansiosamente al Oasis, sedientos de las fuentes paradisíacas de felicidad final que nos darán la eterna calma.
Nos quedamos en este erial para lograr que perdure su memoria en quienes lo rodeamos con amor. Vivirá perennemente en la Biblioteca que lleva su nombre en el corazón de Campeche frente a la catedral y el mar. No es morir vivir en los libros que deja fuente de sabiduría para los sedientos del conocimiento del pasado de su tierra. Atrás estamos quienes nos afanamos en propagar su obra. Adelante está el cielo azul sobre un mañana inmenso con el intenso sol de Campeche refulgiendo sobre el Palacio del Libro. Nos da alegría que lleve su nombre para siempre.


Lo que aconteció solamente una vez, el veintisiete de febrero de 1998, no puede ser motivo de pena. ¿Qué razón hubo para temer tanto tiempo lo que tan poco duró? Para él, quien cumplió con sus deberes naturales, morales, culturales y patrióticos, la muerte fue tan natural y ¡¡Bienvenida como el sueño!! La verdad es que la paz, el descanso y el sueño perenne es todo lo que sabemos de la muerte. Pero es todo lo que a Dios podemos pedirle. También sé que morir no es acabarse: es renacer a otra vida para purificarse y donar al Universo su excelsa esencia. Por eso Denegre se fue en el camello negro, pues no hizo más que adelantarse en el camino para el nacimiento de su eternidad. La muerte no ha sido más que una puerta vieja que se ha abierto a un precioso jardín con una fuente colonial donde manan los pensamientos de los patriotas peninsulares que don Jorge recolectó, sembró con amor y estudió en su enorme y rica biblioteca, que siempre atendió con sus propias manos y que pronto estará en el centro de su amado terruño, por su última voluntad, para que lo disfruten sus compatriotas. Allí están sus frutos, en ese vergel de pensamientos, donde la estatua del sabio feliz dará la bienvenida a los estudiosos de la Historia Maya, Peninsular y Mexicana. ¡Salud espiritual eterna para el hombre honesto, generoso y bueno que conocimos y generaciones de compatriotas aún no nacidos, conocerán en la plaza principal de Campeche! : JORGE DENEGRE-VAUGHT PEÑA.


AMIGOS:

Las palabras sinceras no son elegantes.

Yo les aseguro que entre este hijo y su padre no habrá nunca un muro inmensamente grueso y demasiado alto que no libre para estar cariñosamente a su lado más pronto de lo que se pueda imaginar.



La muerte no puede separarnos.
Sin embargo, desde lejos, desde la miseria, vengo a decir con franqueza una simpleza: que yo sé que he tenido un padre, ¡qué padre! … ¡Tan padre, que siempre me ha dolido que mis hijos no puedan decir lo mismo del suyo!

Esa diferencia abrumadora se debe, principalmente, a que mi padre llevó consigo una humildad tan sincera que pareció ir diciendo: Yo estoy en paz.
Mientras, su primogénito estuvo en permanente guerra florida, en su vana ilusión quijotesca de ir desfaciendo entuertos que va encontrando por los caminos del país de las manchas y las corruptelas, nuestro padre estuvo en paz con todo mundo: juaristas y antijuaristas, liberales o conservadores.
el padre más padre JORGE DENEGRE VAUGHTR PEÑA


Por eso, apenas un día antes, a la hora de su muerte le prometí hacer la paz con todos para que él descanse en paz. Es la hora de convivir entre moralistas y pecadores, reformistas y medradores, madreadores y benefactores, dejando a cada cual hacer lo suyo. Todo sea para que yazcamos en promiscua tranquilidad perdonando a los soberbios, los ambiciosos, codiciosos, oportunistas, aprovechados, ventajistas y usureros, en fin, dejando el quique suum tribuere, el dar a cada cual lo suyo, al Supremo Juzgador. Todo, como predicaba mi padre, para que dejen a uno hacer su obra.
Repaso, ahora, su enseñanza de bondad y armonía. La vida de mi padre es para nosotros una larga lección de humildad.


Y ESTA OTRA VENERADA VIRGE DEL CARMEN EN CIUDAD DEL CARMEN TIENE LA DEVOCIÓN DE MIS COTERRÁNEOS Y LUCE EN ESTA IMAGEN EL VESTIDO DE HILOS DE ORO Y SEDA QUE LE REGALO MI MADRE, REALIZADO POR ELLA MISMA, TRABAJO DE COSTURA QUE LE LLEVÓ MUCHOS AÑOS ANTES DEL DÍA EN QUE TUVO EL PRIVILEGIO DE VESTIRLA, UN INOLVIDFABLE 16 DE JULIO
Tal vez en su llaneza se escondían los regocijos de sus triunfos de persuasión y convencimiento a sus clientes que le traían más satisfacciones que ventajas. Jamás trató mal a nadie. Erudito, no intentó corregir los errores de quienes le visitaron o presumir de sus grandes conocimientos. Se acomodó al presupuesto de quien deseaba un libro para su estudio porque lo importante no fue para él el dinero sino la transmisión del medio de sabiduría a quien lo anhelaba. Por eso lo respetaban y querían.
Reconocí hace mucho que esa humildad era inimitable porque pare él era fácil, pues había llevado a cabo muchas cosas notables, nosotros hemos hecho, comparativamente, poco.


Esa, paradójicamente, extraordinaria humildad la heredó de su adorada madre ante cuyo altar hizo todos sus grandes sacrificios. La luz de nuestra abuelita lo guió e iluminó desde lo alto y resplandeció en su íntima soledad, en sus horas de sombra y de hondas penas.
LIVINGSTON VAUGHT ALCOCER A LOS SEIS AÑPOS TRAS UN EXAMEN EXHAUSTIVO DE PIANO EN INSTITUTO MONTES DE OCA
Hoy se une a ella. Estoy cierto que nuestro padre está feliz de reunirse con su madre, la nuestra, y con su esposa, que reposa aquí mismo a su lado, Julia María del Carmen: los IRIS IRIDISCENTES DE LOS OJOS VERDES DE LA NIÑA DE LA ISLA DEL CARMEN, hoy fulguran. Hoy están de plácemes dos grandes mujeres porque se les une su amado Jorgito, por fin, tras muchas penalidades en este valle de lágrimas que abate.
No obstante, Hombre eminentemente Modesto, mi padre prestó suavidad y encanto a la vida. Nunca pensó don Jorge en lo mucho que poseyó en este mundo y que dejó a México, su patria, nación a la que consagró todos sus esfuerzos.
Lo dejó para que sus herederos repartieran sus bienes bajo esa consigna de dar a cada quien lo suyo, en partes iguales. No para que un bribón se apodere de la masa hereditaria como un pirata que se roba un botín.
Admitamos que lo tuvo todo aquí en la Tierra.
Empero, muchas veces nos indignamos porque lo vimos ofendido y humillado. Nosotros sabíamos que nuestro padre jamás rebajó a nadie. Pero él acalló nuestras protestas. Nos dijo que veíamos “moros con tranchetes”. No se sintió agraviado por quienes consideró sus amigos a quienes dispensó amabilidad, gentileza y dulzura.

Y, en verdad, conmovió a los soberbios.
Cuando lo comparo con los muchos hombres doctos, ricos y muy inteligentes conque convivió, entre ellos algunos hombres fatuos que, por desgracia, encontró por doquiera, siento que tuvieron que descender desde su estrato para postrarse ante su espléndida sencillez.


Muchas veces lo vi dar las gracias cuando se le negó algo, llegando así al fin
de lo que pretendía, con simpatía, porque nunca se sintió ofendido por una repulsa. Por eso, entre los encumbrados, jamás resplandeció su pesadumbre ni ostentó esa dorada tristeza que pareció, en los últimos días, envolverlo de vez en cuando. Por vez primera en su estoica vida lo vimos llorar. Ahora comprendo que lloró porque le dolía dejarnos atrás en este triste mundo.
Su humildad lo llevó a transigir con las mentiras mientras renunciaba a que prevaleciera su verdad. Juarista, no importunó a los conservadores al patricio de la Reforma y coincidió con ellos en el mutuo amor por la patria, sin estériles disputas y sin renunciar a sus hondas convicciones. Su vida humilde, en medio del infatigable trabajo de librero anticuario, historiador, bibliógrafo y editor ha sido una labor fructífera que reboza de amor. Y, además, de fino sentido del humorismo y de la alegría de vivir que en él fue más una facultad del corazón que del espíritu.

Nacía, esencialmente, su buen humor de la fina sensibilidad de un hombre generoso, de una simpatía cálida y tierna hacia todos los hombres y mujeres y todas las formas de la existencia. Si no hubiera conservado toda su vida ese humorismo franco no sería don Jorge el espíritu perfectamente conformado que es hoy en su más pura esencia.
Por eso, lamento tener que decir que estuve a su lado, temprano, en su despedida de la vida a la edad de ochenta y un años.

Decía Gustavo Le Bon que las ideas envejecen más pronto que las palabras.
Los que viven no deben estar en guerra con los muertos. Quien se va pagó todas sus deudas. ¿Creen ustedes que nosotros tendremos con don Jorge algunas pendientes?...

NO: Cumpliré mis esperanzas cabalmente en la realidad.

Por eso hoy, ¿lo oyes?, te prometo solemnemente, Padre, al pie de esta ilustre tumba. Te lo cumpliré, lo juramos en bien de la cultura en México y en el mundo. Tu Biblioteca será pública y estará consagrada a los estudiosos de la Historia de México.

Oremos..,

con esta oración clásica de un santo que desde hace siglos expresó lo que todos quisiéramos llegar a ser para dejar de padecer:

Señor,

Hazme como hiciste a Don Jorge, conductor de tu Paz:
Para que allí donde haya odio pueda haber amor;
Para que allí donde haya el mal pueda llevar el espíritu del perdón;
Para que allí donde haya discordia, pueda llevar la armonía.

Para que donde haya error, pueda llevar la Verdad,
Para que donde haya la duda pueda llevar la Fe,
Para que donde haya desconsuelo pueda llevar la Esperanza,
Para que donde haya tristeza pueda llevar el optimismo y la Alegría.

Como siempre hizo mi padre, Señor, concédeme que yo pueda pedir y no recibir y no ser consolado;
Comprender y no ser comprendido;
Amar y no ser amado.

Porque, amigos, para encontrarse, hoy sé que hay que olvidarse de sí mismo.
Eso hizo nuestro padre, Don Jorge Denegre-Vaught: nunca pensó en sí mismo y esto es lo primero que nos enseñó:
“Olvídate de qué piensas, crees o quieras y piensa en los demás para darles lo que necesitan”.

Sí, ya dije: Ayer le pedí perdón a mi padre por todo lo que le hice sufrir.
Don Jorge lloró y dijo su última palabra: “¡Bueno!”

¡Con un enorme esfuerzo, falleció en sus lastimados labios el vocablo al que dio por postrera vez vida, palabra que lo describe eternamente: ¡Bueno!


Termino así: Las ideas que nos inculcó mi padre están jóvenes en pleno Renacimiento, en su hijo Lívingston, mientras estas palabras caducan tan pronto como acaban de escucharlas.
Mi padre prevalecerá por siempre, entre nosotros, porque tuvo grandes pensamientos y mejores acciones. Se gozó en ellas, se ocupó con ellas, por su gran afición bibliófila y tuvo innumerables recompensas porque ha tenido el mérito de compartirlas. Evoco sus ideas que fecundaron porque las ha alumbrado con su generoso corazón. Las sentimos con vehemencia, creaciones de su indomable voluntad, ofrenda de su pasión, las recogemos amorosamente y propagaré desde su EDITORIAL ACADEMIA LITERARIA, de OBRAS HISTÓRICAS MEXICANAS, en el seno de la perennemente creciente Biblioteca Jorge Denegre-Vaught Peña.